Apocalipsis ario, 38

por Evropa Soberana

 
A modo de conclusión

El cristianismo primitivo se caracterizó por su intolerancia e intransigencia, y por considerarse a sí mismo como la única vía de salvación para todos los hombres del planeta; estas características fueron heredadas del judaísmo, del cual procedía y al cual imitaba. Demostró que, paradójicamente, el considerar iguales a todos los seres humanos es la peor forma de intolerancia, pues se asume como dogma de fe que la misma religión o moral es válida y obligatoria para todos los hombres, y por tanto se les impone, aun en contra de su voluntad. Este aspecto se renovó después con las otras grandes y virulentas doctrinas igualitarias: la democracia y el comunismo.

Los paganos, al aceptar la diferencia de pueblos, aceptaban también que éstos adoraran a dioses distintos a los suyos y tuvieran costumbres distintas, y nunca hubieran pensado en predicar su religión o su moral fuera de su pueblo. Les hubiera parecido ridículo predicar la adoración de Odín entre los negros, por ejemplo, y les daba exactamente igual que los semitas adoraran a Molloch. La táctica del pagano europeo siempre fue dominar por encima mediante el triunfo militar, no convertir a la fuerza o manipular los pensamientos.

La reacción del cristianismo, en cambio, fue arrasar con todo aquello que pudiera recordar a las antiguas creencias y tradiciones paganas. Cualquier conocimiento medicinal, de las plantas o de los animales, era tachado de herejía y perseguido. En verdad, cualquier tipo de conocimiento que no fuera judeocristiano, fue perseguido concienzudamente. El terror espiritual había hecho su aparición en el mundo antiguo, irrumpiendo sangrientamente en Europa.

Esto es el cristianismo, y lo que vino después, amagos, collages, palimpsestos y mezclas de éste con el paganismo, en combinaciones inestables que nunca terminaron de cuajar en el confuso inconsciente colectivo europeo. En esos tiempos se sentó la esquizofrenia del actual Occidente: debatirse entre la heroica herencia romano-pagana o la humanista herencia judeocristiana.

Los fundadores de pueblos y los grandes conquistadores, habían querido que sus pueblos triunfaran y fueran eternos sobre la Tierra. No lo consiguieron a largo plazo, y desaparecieron todos. Los romanos, pues, pasaron a engrosar esa macabra lista. En Occidente, el futuro de milenios pertenecía a los germanos, que instauraron en toda Europa Occidental reinos feudales donde ellos se alzaron como aristocracia.

He enumerado hechos que señalaron el fin de la antigüedad clásica con toda su sabiduría, y el principio de una edad oscura. Esta edad oscura, que utilizó como herramienta a los germanos, y de la cual los germanos no fueron culpables (sólo dieron el toque de gracia a un monstruo decadente, y precisamente fueron ellos los que preservaron obras de arte romanas de la destrucción cristiana cuando tomaron el poder—ver el caso del rey Teodorico), duraría en Europa hasta la época del catarismo, de los vikingos y de las cruzadas en el Siglo XI, cuando los caballeros europeos descubrieron la tradición que Oriente había guardado y algunos frailes se dedicaron a recopilar conocimientos naturales como la medicina o la botánica. El legado mesopotámico, egipcio, persa y hasta cierto punto el griego y el hindú, fue conservado por la civilización islámica que, a diferencia del cristianismo, no sólo no destruyó el legado pagano, sino que lo conservó.

Decimos que el resurgir de la espiritualidad europea vino de mano de las castas guerreras y caballerescas. Y los resultados (unos más limpios que otros) más visibles de tal resurgir fueron el Sacro Imperio Romano-Germánico, los vikingos, la civilización occitana, los templarios, el Renacimiento italiano con su fascinación por el mundo greco-romano, y el Imperio Español.

Habrá quien pueda hacerse un lío con eso de la “herencia cristiana” de Europa. Yo no. Yo veo europeos viviendo con unas costumbres y unos ritos naturales, bellos y armoniosos, que llevaban al cabo automáticamente como la cosa más normal del mundo, tomando así parte en esa inmensa orquestra que es la Tierra. Veo un credo fanático predicado por integristas semitas procedentes de Oriente y de África, que inflamaron los ánimos de la basura del mundo en contra de las personas de bien, en contra de los europeos nativos, en contra de los representantes del orden y de la luz. Dijeron que esas ancestrales costumbres nuestras eran abominaciones. Dijeron que quienes las practicábamos éramos pecadores.

Dijeron que nuestra ciencia era hechicería demoniaca, y nuestro arte, una blasfemia. Dijeron que quien no se arrodillara ante un nuevo y extraño dios oriental, merecía los peores tormentos. Maldijeron a los fuertes, a los nobles, a los luchadores, a los puros, a los filósofos y a los sabios, y bendijeron a los esclavos, los enfermos, los pisoteados, las prostitutas, los ignorantes y los cobardes.

Destruyeron el legado que habíamos acumulado durante siglos. Mataron a nuestros líderes. Pusieron fin a un Imperio que bien hubiese podido, bajo influencia germánica, extenderse por el mundo entero. Sumieron a Europa en la ignorancia y proscribieron el saber. Durante siglos, extendieron la depresión, la culpa y el sentimiento de pecado, introduciendo en Europa ese cáncer que es el Antiguo Testamento, y ese veneno castrador que es el Nuevo Testamento. Si Europa pudo desarrollarse en esas condiciones, no fue gracias al cristianismo, sino a pesar de él, y gracias a las cosas que el cristianismo aun no había tocado.

Este trozo es de una estatua del emperador Adriano
que debió medir alrededor de 5 metros, y que fue hallada en
Sagalasos, actual centro-sur de Turquía, donde el
cristianismo arraigó tempranamente.

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Published in: on enero 29, 2018 at 3:28 pm  Dejar un comentario  
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Apocalipsis ario, 39

por Evropa Soberana

 

Apéndice al capítulo 3:

Nietzsche sobre el cristianismo

 

Genealogía de la moral (1887), 1er tratado, § 8 [1]

Pero ¿no lo entendéis? ¿No tenéis ojos que os permitan ver algo que ha necesitado dos milenios para llegar a obtener victoria?…

Este Jesús de Nazaret, que es el Evangelio del amor hecho persona, este “redentor” que trae a los pobres, a los enfermos, a los pecadores la bienaventuranza y la victoria, ¿no era él precisamente la seducción en su forma más inquietante y más irresistible, la seducción y el desvío hacia precisamente aquellos valores y renovaciones de valores judíos?

¿No ha alcanzado Israel justamente por el rodeo de este “redentor”, de este aparente adversario y destructor de Israel, la meta última de su sublime sed de venganza?

¿No forma parte de la oculta magia negra de una política verdaderamente grande de venganza, de una venganza capaz de ver a lo lejos, subterránea, que avanza lentamente y que calcula por anticipado todos sus pasos, que Israel mismo tuviese que renegar ante el mundo entero, como si fuese un enemigo mortal suyo, el auténtico instrumento de su venganza y tuviese que clavarlo en la cruz para que “el mundo entero”, a saber, todos los adversarios de Israel, pudiese morder ese anzuelo sin sospechar nada?…

Lo que es seguro, al menos, es que hasta ahora sub hoc signo [bajo este signo] Israel ha triunfado una y otra vez con su venganza y transvaloración de todos los valores sobre todos los demás ideales, sobre todos los ideales dotados de nobleza.

Tommaso Laureti, El triunfo del cristianismo (también llamado
El triunfo de la cruz, pintado en 1585). La historia de cómo
un mesías oriental, con aires anoréxicos y masoquistas,
llegó a reemplazar a los fuertes dioses paganos.

 

El Anticristo: Maldición sobre el cristianismo
(escrito en 1888)

§ 24

Los judíos son el pueblo más fatídico de la historia universal: como resultado de su gravitación, han falseado de tal modo la humanidad, que hoy incluso el cristiano es capaz de sentirse antijudío sin tener conciencia de que él es la idiosincrasia judía llevada a su consecuencia última.

§ 58

Se envenenó la cosecha de la noche a la mañana… Lo que estaba aere perenius [más perene que el bronce], el Imperio Romano, la más grandiosa organización que había existido jamás, en comparación con la cual todo lo anterior y todo lo posterior es chapucería y diletantismo, intentaron destruirla esos santos anarquistas con una empresa “pía”; intentaron destruir “el mundo”, esto es, el Imperio Romano, hasta que todo quedara deshecho…

El cristianismo fue el vampiro del Imperio Romano; desbarató de la noche a la mañana la realización tremenda de los romanos: conquistar el terreno para una gran cultura que tiene tiempo. ¿No se comprende todavía lo que hay en todo esto?

El Imperio Romano que conocemos; que la historia de la provincia romana nos enseña a conocer cada vez mejor; esta obra de arte más admirable del gran estilo era un comienzo, su construcción estaba calculada para probarse en términos de milenios.

¡Jamás se ha construido así, ni siquiera soñado con construir así, sub specie aeterni [para la eternidad]! Esta organización era lo suficientemente sólida para resistir los malos emperadores; el azar de las personas no debe intervenir en cosas semejantes: principio capital de todos los grandes arquitectos.

Pero no era lo suficientemente sólida para resistir la forma más corrupta de la corrupción, al cristiano. Estos furtivos gusanos que con sigilo y ambigüedad atacaban a todos los individuos y les chupaban la seriedad para las cosas verdaderas, el instinto de las realidades, estos seres cobardes, afeminados y dulzones enajenaron paso a paso las “almas” a esta construcción ingente; la enajenaron esos elementos valiosos, viriles y aristocráticos que en la causa de Roma sentían su propia causa, su propia seriedad y su propio orgullo.

Léase a Lucrecio para comprender qué era lo que combatió Epicuro: no al paganismo, sino al “cristianismo”, es decir, la corrupción de las almas por los conceptos de culpa, castigo e inmortalidad. Combatió los cultos subterráneos, todo el cristianismo latente; negar la inmortalidad era ya entonces una verdadera redención. Y Epicuro hubiera triunfado; todos los espíritus respetables del Imperio Romano eran epicúreos; entonces, de pronto, apareció Pablo…

Pablo, el odio chandala a Roma, al “mundo” hecho carne y genio; el judío, el judío eterno por excelencia…

Adivinó que con ayuda del pequeño y sectario movimiento cristiano divorciado del judaísmo sería posible provocar una “conflagración” que por el símbolo “Dios clavado en la Cruz” sería posible galvanizar todo lo subterráneo, furtivo y subversivo, todo el legado de manejos anarquistas dentro del Imperio, en un tremendo poder…

“La salvación viene por los judíos”. El cristianismo como fórmula para sobrepujar, y compendiar los cultos clandestinos de toda índole, los de Osiris, la Gran Madre, y de Mitras, por ejemplo: en esta comprensión radica el genio de Pablo.

Tal fue su momento de Damasco: comprendió que necesitaba la creencia en la inmortalidad para desvalorizar “el mundo”; que el concepto “infierno” se haría dueño de Roma; que con el “más allá” se mata la vida… Nihilista y el cristiano: en alemán estas palabras riman, y no sólo riman…

§ 59

Toda la labor del mundo antiguo en vano: ¡no encuentro palabras que expresen cabalmente lo que siento ante cosa tan horrenda!

Y como esta labor había sido preliminar (sólo se habían echado con granítico orgullo los cimientos para una labor de milenios), quedó desbaratado todo el sentido del mundo antiguo…

¿Para qué los griegos? ¿para qué los romanos? Todos los presupuestos de una cultura docta, todos los métodos científicos estaban ya ahí… ¡Todo, en vano! ¡Reducido de la noche a la mañana a un mero recuerdo! ¡Griegos! ¡Romanos!

¡Y no barrido de golpe por algún cataclismo! ¡Sino echado a perder por medrosos, furtivos e invisibles vampiros ávidos de sangre! ¡No vencido, sino tan sólo chupado!… La venganza solapada, la pequeña envidia, convertida en señor! ¡Todo lo miserable, doliente y aquejado de malos sentimientos, todo el mundo-ghetto del alma, convertido de golpe en norma y pauta!… Basta leer a alguno de los agitadores cristianos, por ejemplo a San Agustín, para comprender, oler, qué sucia pandilla se encumbró de ese modo.

§ 61

En este punto es preciso actualizar un recuerdo cien veces aún más penoso para los alemanes. Lo alemanes han defraudado a Europa con la última grande cosecha cultural que se le brindaba, la del Renacimiento.

¿Se quiere comprender, por fin, qué cosa fue el Renacimiento? Fue la transvaloración de los valores cristianos, la tentativa, emprendida por todos los medios, apelando a todos los instintos, a todo el genio, de llevar a su plenitud los contra-valores, los valores aristocráticos… Atacar en el punto decisivo, en la propia sede del cristianismo, y entronizar en ella los valores aristocráticos, esto es, injertarlos en los instintos, en las más soterradas necesidades y apetencias de sus ocupantes…

¿Qué ocurrió? Un monje alemán llamado Lutero fue a Roma. Este monje, aquejado de todos los instintos rencorosos del sacerdote fallido, se indignó en Roma contra el Renacimiento…

En lugar de comprender, embargado por la más profunda gratitud, lo tremendo que había ocurrido—la superación del cristianismo en su propia sede—, sólo supo extraer de este espectáculo alimento para su odio. El hombre religioso sólo piensa en sí mismo: Lutero vio la corrupción del papado, cuando era harto evidente lo contrario, o sea, que la antigua corrupción, el peccatum originale—el cristianismo—ya no ocupaba el solio pontificio ¡sino la vida!, ¡el triunfo de la vida!: ¡el magno sí a todas las cosas sublimes, hermosas y audaces!

Y Lutero restauró la Iglesia…

§ 62

He llegado al final y pronuncio mi veredicto. Yo condeno al cristianismo, formulo contra la Iglesia cristiana la acusación más terrible que ha sido formulada jamás por acusador alguno. Ella es para mí la corrupción más grande que pueda concebirse; ella ha optado por la máxima corrupción posible. Nada ha dejado la Iglesia cristiana de tocar con su corrupción; ha hecho de todo valor un sinvalor, de toda verdad una mentira y de toda probidad una bajeza de alma…

Esta eterna acusación contra el cristianismo voy a escribirla en todas las paredes, allí donde haya paredes—tengo letras que harán ver incluso a los ciegos… Yo llamo al cristianismo la única gran maldición, la única intimísima corrupción, el único gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es bastante venenoso, sigiloso, subterráneo, pequeño,—yo lo llamo la única inmortal mancha deshonrosa de la humanidad…

¡Y se cuenta el tiempo desde el dies nefastus [día nefasto] en que empezó esa fatalidad—desde el primer día del cristianismo! — ¿Por qué no, mejor, desde su últim día? — ¿Desde hoy?

¡Transvaloración de todos los valores!

__________________

[1] Nota del Ed.: Si bien seguí al autor en Genealogía de la moral, en el caso de El Anticristo añadí otros párrafos a las citas de Europa Soberana de las últimas páginas del libro de Nietzsche (incluida la página final que aparece en la entrada 40 de esta serie).

Published in: on enero 28, 2018 at 9:32 pm  Dejar un comentario  
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Apocalipsis ario, 40

Ley contra el cristianismo

(página final de El Anticristo)

 
Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (el 30 de septiembre de 1888 de la falsa cronología)

Guerra a muerte contra el vicio:
El vicio es el cristianismo

Artículo Primero: Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: el enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones se tiene presidio.

Artículo Segundo: Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro contra los protestantes que contra los católicos, más duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser-cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.

Artículo Tercero: El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En El se criarán serpientes venenosas.

Artículo Cuarto: La predicación de la castidad es una incitación publica a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de impuro es el autentico pecado contra el espíritu santo de la vida.

Artículo Quinto: Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, – se le proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

Artículo Sexto: A la historia sagrada se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras Dios, redentor, santo, se las empleará como insultos como divisas para los criminales.

Artículo Séptimo: El resto se sigue de aquí.

Friedrich Nietzsche—El Anticristo

Published in: on enero 27, 2018 at 10:28 pm  Dejar un comentario  
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Episodio 3

Hace exactamente un mes grabé esta conversación con un español emigrado hace muchos años a países donde no se habla el castellano, nuestra lengua materna.

Aproximadamente, después de las 1:42 horas omití la sección final sobre si es posible, o no, exportar el Nacional Socialismo fuera de Alemania. En esta grabación editada, en lo único en que estuvimos en desacuerdo es en la interpretación de la Segunda Guerra Mundial.

De ninguna manera esa guerra fue “una guerra entre judíos”. Fue una guerra entre traidores blancos apoyados por los medios de comunicación judíos: una guerra en contra de la nación más noble que jamás ha existido, y un verdadero holocausto en el que los alemanes fueron las víctimas.

Para los programas de radio en inglés de este mismo sitio véase: acá.

Published in: on enero 3, 2018 at 12:01 am  Dejar un comentario  

Episodio 2

Este es mi segundo monólogo de lo que podría llamar “Radio La Hora Más Oscura”, episodio del que quisiera hacer ciertas aclaraciones.

Como sabemos, al hablar uno puede equivocarse con más frecuencia que al escribir. Carlos Octavio Bunge, que tiene página en Wikipedia y a quien en este blog le dedico una entrada, no publicó Nuestra América en 1910 sino en 1903. Pero no estaba muy errado al decir 1910 porque Bunge revisó mucho su libro, y la copia revisada fue publicada el año de su muerte, 1918.

Otra imprecisión: Dije que los visigodos ibéricos comenzaron a mezclar su sangre con sangre no-aria en el siglo V cuando en realidad fue en el siglo VII, por culpa de las políticas conciliadoras con la iglesia del rey Recesvinto.

Finalmente, el reciente programa del maricón Rubin lo recomendé un par de veces a lo largo del episodio sólo porque Stefan Molyneux habla de que el coeficiente intelectual es diferencial entre las razas humanas.

Published in: on noviembre 12, 2017 at 12:08 am  Dejar un comentario  

Episodio 1

Este es el enlace a una grabación subida a SoundCloud. Soy yo quien habla casi por quince minutos. Pero no deseo hablar en monólogos en futuros podcasts en castellano.

¿Algún “racista”, “nacionalista blanco”, “nacionalista criollo” o “neonazi” quisiera conversar conmigo?

Published in: on septiembre 27, 2017 at 8:32 pm  Comments (5)  

“Racismo”

A finales de 2015 dije que ya no iba a subir ensayos aquí a menos de que sucediera algo espectacular en el mundo.

Sucedió: Donald Trump, quien luchó como candidato con un par de buenas ideas—el muro y prohibir la entrada de moros—llegó a la presidencia. Pero lo realmente espectacular fue que el Sistema domó a Trump, al grado de que su reciente traición decepcionó a los nacionalistas blancos.

Ayer le di un vistazo a mi biblioteca personal y saqué del estante que vemos en esta foto uno mis libros favoritos. Era favorito en el pasado cuando, a mediados de los años setenta, quería estudiar la carrera de filosofía. Me refiero a uno de los diccionarios filosóficos más populares en lengua española: el del filósofo italiano Nicola Abbagnano.

Ahora, más de 40 años después, he despertado después de dormir décadas en una época que me ocultó cuestiones fundamentales (véase mi sitio principal). Así, ya despierto se me ocurrió ver qué decía El diccionario de filosofía de Abbagnano sobre el nacional socialismo.

No había artículo sobre ello. Entonces busqué la palabra “racismo”.

¡Sorpresa! ¡Después de un buen párrafo introductorio Abbagnano escribió las mayores falsedades propagandísticas que uno pueda imaginar!

No debemos olvidar que Abbagnano terminó de escribir su diccionario en 1960, cuando Occidente no sabía nada del Tercer Reich salvo la propaganda de los aliados. Por lo mismo, no es de extrañar que un profesor italiano tuviera que plegarse a esa narrativa. Pero quisiera concretarme al artículo que me impresionó:

Racismo (ingl. racialism; franc. racisme; alem. Rassismus; ital. razzismo). La doctrina según la cual todas las manifestaciones histórico-sociales del hombre y sus valores (o disvalores) dependen de la raza, y que enuncia la existencia de una raza superior (“aria” o “nórdica”) destinada a ser guía del género humano. El fundador de esta doctrina fue el francés Gobineau en su Essai sur l’inégalité des races humaines (1853-1855), dirigido a defender a la aristocracia frente a la democracia.

Salvo esta cuestión de ser guía de la humanidad, el párrafo inicial del diccionario de Abbagnano es certero. Por cierto, el libro de Gobineau es uno de los que se encuentra en mi biblioteca. Veamos qué dice a continuación:

Hacia principios del siglo XX un inglés germanófilo, Houston Stewart Chamberlain, difundió el mito del arianismo en Alemania (Die Grundlagen des XIX Jahrhunderts [“Las bases del siglo XIX”, 1899), identificando la raza superior con la germana.

Aquí comienzan los problemas, pues eso no es un mito. No es ninguna coincidencia que, hasta muy recientemente, los arios hayan dominado la cultura, la ciencia, tecnología y el mundo político.

El antisemitismo databa de antiguo en Alemania y, por lo tanto, la doctrina del determinismo racial y de la raza superior encontró allí fácil difusión, resolviéndose en el apoyo al prejuicio antisemita y en la creencia de que existe una conjura judía para la conquista del dominio mundial y que, por lo tanto, el capitalismo, el marxismo y, en general, las manifestaciones culturales o políticas que debilitan el orden nacional son fenómenos judíos.

Aquí ya llueven las trampas. Abbagnano escribe como si el problema judío fuera alucinatorio: un prejuicio de los alemanes.

La mejor manera de contestarle al difunto Abbagnano es simplemente decir que no es alucinatorio. Cuando Abbagnano estaba en sus mejores días los judíos estuvieron sobrerrepresentados no sólo entre los verdugos voluntarios de Stalin, sino que fueron judías las asociaciones civiles que cabildearon para abrir la migración masiva de no blancos a los Estados Unidos.

Aquellos que duden de la veracidad de estas afirmaciones deben leer dos libros que lo documentan, uno de un gentil y el otro de un judío: The culture of critique de Kevin MacDonald y Essau’s tears de Albert Lindemann. O Abbagnano era ignorante de estas realidades o las ocultó a sus lectores.

Después de la primera Guerra Mundial, el R. fue para los alemanes el mito de consuelo, la evasión de la depresión de la derrota y Hitler hizo de él el fundamento de su política.

Abbagnano era un erudito. Parece difícil que no supiera unas cuantas cosas de historia occidental. El párrafo de arriba implica que el racismo era un mito alemán del siglo XX.

La verdad es que el racismo tiene milenios: desde los arios que invadieron la India y elaboraron una religión brahmánica para no contaminar su sangre; desde los antiguos egipcios que ponían letreros de que a partir de cierta latitud no se admitían negros en sus tierras; desde los rubios espartanos y tebanos en la Grecia antigua que tenían reglas muy estrictas para no mezclarse con extranjeros, hasta los visigodos que quemaban en al estaca al godo que se casara con algún sangre sucia de la antigua Hispania. Incluso, antes de la decadente Roma imperial, la Roma republicana solía practicar una endogamia patricia para evitar mezclase con los de abajo; siendo los patricios más arios que los plebeyos y no hablemos de los esclavos.

El racismo no fue un invento de Hitler. Lo único que hicieron los alemanes del siglo en que Abbagnano y yo nacimos fue proporcionarle al racismo las bases científicas, y el ímpetu político, que tan sano instinto necesitaba.

La doctrina fue elaborada por Alfred Rosenberg en el Mito del siglo XX (1930). Rosenberg afirmó un riguroso determinismo racial. Toda manifestación cultural de un pueblo depende de su raza. La ciencia, la moral, la religión y los valores que ellas descubren y defienden dependen de la raza y son las expresiones de la fuerza vital de ella. Por lo tanto, también la verdad es siempre tal, sólo para una raza determinada. La raza superior es la aria, que desde el norte se difundió en la Antigüedad por Egipto, India, Persia, Grecia y Roma y produjo las antiguas civilizaciones, civilizaciones que decayeron porque los arios se mezclaron con razas inferiores. Todas las ciencias, las artes, las instituciones fundamentales de la vida humana han sido creadas por esta raza. Frente a ella está la antirraza parásita judía, que ha creado los venenos de la raza: la democracia, el marxismo, el capitalismo, el intelectualismo artístico y también los ideales de amor, de humildad, de igualdad difundidos por el cristianismo, que representa una corrupción romano-judaica de la enseñanza del ario Jesús.

Como he leído poco a Rosenberg ignoro si Abbagnano está representando correctamente lo que Rosenberg habrá escrito sobre “el ario Jesús”. A quienes he leído detenidamente es a Hitler y a Himmler, y se ve claro que tanto en las pláticas de mesa del primero, como en conferencias del segundo, la visión nacional socialista es más compleja y matizada que el bosquejo que Abbagnano hace en el párrafo de arriba.

Lo más interesante de los textos nazis son las publicadas pláticas de sobremesa de Hitler en tanto que sorprende que, entre el grupo selecto de amigos que comía en su mesa, el Führer criticaba más al cristianismo que al judaísmo.

Publicado en 1961, la reimpresión que poseo del Diccionario de Abbagnano es de 1987 (mi copia original de mediados de los setenta se la quedó un amigo). No vale la pena citar su artículo entero, “Racismo” (páginas 977s en la edición del Fondo de Cultura Económica), pero debo señalar que es en la página 978 donde el diccionario se convierte en un disparatario.

El primer disparate de Abbagnano es su frase “No existe ninguna raza ‘aria’ o ‘nórdica’.” Cierto que, si uno quiere escribir con precisión, podría decir “grupo étnico” en vez de “raza”, y desde este ángulo los nórdicos como grupo étnico existen. La malevolencia en una aseveración como la de Abbagnano es similar a aquello de negar que las razas existan. El segundo disparate de Abbagnano merece ponerlo en sangría:

No existe prueba alguna de que la raza o las diferencias raciales influyan de un modo cualquiera en las manifestaciones culturales o en las posibilidades de desarrollo de la cultura en general. Tampoco existe prueba de que los grupos, en los cuales se puede distinguir el género humano, difieran en su capacidad innata de desarrollo intelectual y emocional. Por el contrario, los estudios históricos y sociológicos tienden a reforzar el punto de vista que sostiene que las diferencias genéticas son factores insignificantes en la determinación de las diferencias sociales y culturales entre diferentes grupos de hombres.

Me atrevo a decir que semejante párrafo invalida no sólo el artículo “Racismo” sino el diccionario entero. ¿Para qué sirve tanta ontología, tanta teoría del conocimiento, tanta metafísica y lógica de los filósofos académicos si éstos son incapaces de ver el mundo empírico? ¿Qué valor puede traernos las “ciencias” blandas como los estudios sociológicos que Abbagnano menciona (opiniones en realidad) frente a las ciencias duras?

Si hay algo que quedó claro desde Darwin y sus discípulos en la antropología física (la “antropología social” de Franz Boas es seudociencia) es la diferencia de capacidad craneal entre, digamos, los negros y los blancos. Además, existen pruebas psicométricas con negritos bebés adoptados en hogares de blancos adinerados. Este tipo de estudios no sólo muestran que el coeficiente intelectual es diferencial entre las razas, sino entre hombre y mujer. No hay grandes maestros de ajedrez negros por ejemplo; y a pesar de que en China entrenan a las chinitas pródigas a jugar al ajedrez desde pequeñas, aún así los torneos internacionales de ajedrez tienen que dividirse entre hombres y mujeres. Hay excepciones por supuesto: pero son excepciones que confirman la regla.

Si hay algo que la raciología, el estudio de las razas humanas, nos enseña es que las diferencias genéticas entre humanos son factores determinantes en las diferencias sociales (consúltense estos libros). La torre de marfil de filósofos como Abbagnano, que lo único que hacen es plegarse al paradigma en turno, debiera ser el hazmerreír de quien ha superado la corrección política.

Tampoco existe prueba alguna de que las mezclas de razas produzcan resultados desventajosos desde un punto de vista biológico. Es muy probable que no existan y que nunca hayan existido, a través del tiempo, razas “puras”. Los resultados sociales de las mezclas de razas tanto buenos como malos, pueden ser atribuidos a factores sociales.

Pasajes como ese me mueven a decir que lo que sucede en mentes de académicos como Abbagnano es peor que las discusiones bizantinas. Con declaraciones como las de arriba el célebre filósofo italiano parece estar disociando, adrede, la realidad. Cualquier italiano honesto puede percatarse que la gente mezclada de Sicilia con los turcos del sur pertenece a una cultura inferior que la de los más blancos italianos, al norte de la península.

Y no hablemos de cómo, por mezclar su sangre con indígenas y negritos cucurumbé, los iberos produjeron una estirpe inferior a su contraparte anglo-germana al norte del Río Bravo. ¿En qué rayos se basa Abbagnano para declarar que no hay pruebas históricas de que la mezcla produzca desventajas en la descendencia mestiza?

No es difícil hallar la respuesta. En el último párrafo de su ridículo artículo vemos que Abbagnano se suscribe, religiosamente, al universalismo suicida de Occidente: herencia del catolicismo universal de la iglesia de su país. Oigamos lo que Abbagnano, quien nació y murió en Italia, nos dice del racismo:

…se trata de un prejuicio extremadamente pernicioso, porque contradice y obstaculiza la tendencia moral de la humanidad hacia la integración universalista y porque convierte los valores humanos, comenzando por la verdad, en hechos arbitrarios que expresan la fuerza vital de la raza y así no tienen sustancia propia y pueden ser manipulados arbitrariamente con los fines más violentos o abyectos.

La manera más común de mentir de la academia (Abbagnano et al) y de los medios es la omisión. El caso clásico de mentir por omisión es el holocausto de alemanes perpetrado, después de 1945, por los aliados cuando los alemanes ya se habían rendido (véase por ejemplo: aquí).

Lady Violet de Parrish

lady violet

Published in: on abril 2, 2016 at 4:02 pm  Dejar un comentario  

Mi sacerdocio

A partir de esta entrada sólo añadiré otros textos si veo eventos relevantes en las noticias (eventos más espectaculares que los recientes ataques Jihad en París y en San Bernardino). El hecho insoslayable es que no hay acción relevante en el mundo del nacionalismo blanco. George L. Rockwell fue el último nacional socialista de Occidente al parecer. Ser un auténtico nazi implica formar un partido fascista en Europa o, cosa mucho más difícil, en Norteamérica—algo que los racistas contemporáneos no se atrever a hacer.

Tratar de dialogar, convocar o disciplinar a racistas burgueses que no salen de internet destruye la moral del verdadero fanático: el sacerdote de las 14 palabras. A menos de que estos cobardes se vuelvan valientes, algo improbable en una raza que se da por muerta, debo hacer otra cosa. Ni modo: sin varones arios que ofrezcan una auténtica resistencia al Sistema no tengo más remedio que tratar de cumplir mi sacerdocio al solo.

He aquí lo que planeo como ermitaño. Mis libros [1] sobre cómo tratar a los niños y adolescentes podrían ayudar al futuro estado étnico, cuya capital ya debería estar en Berlín de no haber sido por los anglosajones. Pero este Estado sólo volvería a nacer si esta raza se arrepiente de su imperdonable pecado, si es que eso es posible…


______________________

[1] Me refiero a dos series de varios libros cada una: Exterminio y De San Francisco a Himmler. El primer tomo de Exterminio, como he dicho, ya se encuentra disponible vía la distribuidora Lulu. Según mis cálculos debo escribir otros nueve.

Published in: on diciembre 6, 2015 at 8:00 am  Comments (9)  
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Intelectuales anti-blancos

Mejico es un país indigeno-mestizo y antiblanco, desde sus orígenes. Es una tristeza que la escasa población blanca que vive aquí no se quiera dar cuenta de eso y se ofenda si le comentas la verdad.

Fabian

 
Fabian no se refiere a la Nueva España sino a la nación que surgió con el movimiento de independencia. Tan cierto es que Latinoamérica es implícitamente anti-aria que basta escuchar a sus intelectuales. En una reciente conversación (pulsar aquí) entre Mario Vargas Llosa y Oppenheimer, el premio Nobel dijo a propósito de Donald Trump:

…toda forma de racismo implica, digamos, la posibilidad de una violencia enorme. Eso está detrás de toda la campaña ésta, racista—clarísimamente racista de Donald Trump contra los mejicanos, contra los inmigrantes, eh, con la idea de que puede existir una sociedad de razas puras, de razas blancas ¡ja! Es una cosa tan absolutamente anacrónica y estúpida que da un poco de pena… Jamás será el candidato de los republicanos.

Este perfecto idiota latinoamericano no parece percatarse de que la migración de color al norte blanco ha sido la más masiva de toda la historia—¡60 millones en medio siglo! (fuente: aquí).

Póngase especial atención a las palabras de Vargas Llosa “con la idea de que puede existir una sociedad de razas puras, de razas blancas ¡ja!” Aparentemente la idea de los chinos y los japoneses de no aceptar migración de etnias cafés, negras o blancas es natural. Pero ¡ay si se les ocurre lo mismo a los arios! La ideología subyacente de Vargas Llosa es claramente antiblanca, como la de Octavio Paz (véase: aquí) en tanto que ambos implican que, a diferencia de los orientales amarillos, los occidentales blancos no tienen derecho a un suelo propio.
 
Posdata del 5 de mayo de 2016

Paz murió en 1998 pero su postura es común entre los intelectuales mejicanos de hoy día. En la entrevista de CNN entre Carmen Aristegui y Krauze celebrada ayer (pulsar aquí), Krauze comentó, a propósito de la virtual nominación republicana de Trump (nominación que por cierto refutó la tonta profecía de Vargas Llosa):

Bueno Carmen: Primero creo que en los Estados Unidos estamos viendo una prueba más de la degradación de la sociedad americana. Porque un sector de la sociedad americana indudablemente pues está mostrando su verdadera faz. Y la está mostrando por ejemplo en el fanatismo de las armas, en el tema de las drogas y en la resurrección de algo que estaba allí en el fondo, siempre; sobre todo en los estados del centro y sur de los Estados Unidos que es el racismo y el nativismo. Digamos que los instintos más bajos de la cultura y de la historia de los Estados Unidos, están emergiendo.

Yo diría que el racismo y el nativismo son los instintos más altos de la cultura americana (véase el prefacio al libro que edité en inglés: acá). No me sorprende el astronómico doble rasero de este judío mejicano: apoyar a Israel, una nación que sólo admite a judíos étnicos, y condenar a toda nación aria que sólo quiera admitir a blancos étnicos (que ni siquiera es el caso de los EE.UU.). Prosigue Krauze:

En Europa tenemos ejemplos de “Trumps” en Francia con Marine Le Pen; en Hungría, en Polonia: que tienen las mismas características de buscar cerrar los países; son enemigos de las emigraciones; de la inmigración. Son enemigos del Otro. trump? Predican el odio al Otro.

Y además lo hacen desde una posición de un líder carismático que promete soluciones providenciales, inmediatas, pero que siempre como te he dicho predica desde el odio.

Qué soberana estupidez. Actualmente los cuarenta y tantos millones de musulmanes que “emigraron” (en realidad invadieron) a Europa representan un peligro de guerra civil más tarde en este siglo, cuando la demografía con los nativos blancos se empareje dadas las diferentes tasas de natalidad entre los dos grupos.

La islamización de Europa aparte, este diagrama del invierno demográfico para los blancos (véase: aquí), debido precisamente a las políticas de migración masiva de las que Krauze y Vargas Llosa no dicen ni pío, lo dice todo. Sigue el rollo de Krauze a la Aristegui:

Si a eso le aúnas los elementos que ya bosquejé—sobre todo el tema del racismo. Yo le doy mucha importancia a que los peores instintos de Estados Unidos surgieron como respuesta a la presidencia finalmente democrática, moderada, inteligente de un… hombre de color, Obama.

Nada más alejado de la realidad. El negrito cucurumbé ha endeudado más a su país (va para $20 trillones de dólares de deuda) ¡que todos los previos presidentes gringos juntos! Sobre Obama en general véase también lo que se escribe en The Occidental Observer (aquí). Prosigue Krauze:

Pero que [en] una parte del movimiento de la simpatía a Trump está fincado el odio que un sector importante del electorado republicano tiene hacia Obama no me cabe la menor duda. Porque [por] los ocho años… vivieron del agravio terrible ante los ojos de estos nativistas defensores de la piel blanca y de la pureza racial de los Estados Unidos de ver a un hombre de color en la Casa Blanca, y además hacerlo tan bien como lo ha hecho, en términos generales.

¿Te cae? Para nosotros Obama es poco más que un chimpancé al que hay que ajusticiar, como escribí en un artículo en inglés sobre “la mujer roja” de Juego de Tronos (aquí).

Después de la muerte de Octavio Paz, la influencia de Krauze✡ en Méjico ha sido enorme a través de su revista de artículos “de fondo” y de Clío: una editorial que incluso saca programas “culturales” en la televisión.

Published in: on diciembre 3, 2015 at 2:12 pm  Comments (4)