Méjico es una quimera

Del capítulo sobre Porfirio Díaz de la Breve historia de México de Vasconcelos hay algunas citas citables que no quisiera pasar por alto:

Todavía en la época de la Reforma, la capital oaxaqueña [donde se crió Díaz] era blanca… Porfirio Díaz era un mexicano, en tanto que Juárez sólo fue un indio.

Cuando mi abuela paterna era una niña en toda la nación sólo había… ¡15 millones de habitantes!

La mayor psicosis de nuestra época estriba en que, aunque la reproducción geométrica de los mestizos (más de 100 millones) eclipsa cada vez más y más a la minoría blanca que originalmente fundó la Nueva España, la narrativa actual nos prohíbe ver la historia de Méjico como lo que siempre ha sido a partir de la Conquista: no una lucha de clases, sino una lucha entre grupos étnicos.

La misma narrativa nos prohíbe ver que, cuando sólo los blancos estaban en las esferas del poder e influencia en la Nueva España, el país era más próspero que el mismo Estados Unidos. Pero ya a inicios del siglo veinte, nos dice Vasconcelos en su capítulo sobre Díaz, “México había dejado de ser la primera potencia del Nuevo Mundo, como lo fuera en los siglos diecisiete y dieciocho, para caer al tercer o cuarto lugar, después de los Estados Unidos, el Brasil y la Argentina” (página 456).

Según la narrativa aceptada desde los políticos hasta los académicos, tan mejicano es el judío acomodado que vive resguardado en las privilegiadas zonas de Santa Fe o Cuajimalpa de la gran metrópoli mejicana como el pobre niño mestizo que, debido a los malos tratos que le infligieron en el hogar, huyó y ahora duerme en las alcantarillas con otros niños desamparados de la gran capital. (Quizá quepa decir que uno de mis primos dirigió la película mejicana De la calle, en cuyo póster promocional aparece la alcantarilla en donde unos niños sin casa duermen.)

Menciono adrede el pico más privilegiado de un grupo étnico en Méjico junto con el más desposeído a fin de que, de un solo golpe, se vea la mentira: que todo aquél que dejó atrás una acta de nacimiento mejicana pertenece al mismo grupo de seres humanos. La realidad es que al judío de las privilegiadas colonias le “vale gorro” el destino de esos miles de niños mestizos. Similarmente, estos últimos se percatan de que los que viven en las colonias resguardadas pertenecen, literalmente, a otro mundo del que no esperan la menor ayuda.

Digamos la gran verdad sobre el país en que nací: Méjico es una nación imposible, una quimera compuesta por varios grupos étnicos que compiten entre sí. A pesar de su extrema corrección política, una lectura entre líneas de los textos de Octavio Paz refleja realidad tan elemental.

Acerca de la Revolución por ejemplo, Paz dijo que “no fue una sino varias revoluciones”: desde la revolución de Zapata, quien abogaba por una república indígena (¿qué habría dicho Evo Morales?) hasta el ideal de Francisco Madero sobre la unión armoniosa de todos los mejicanos.

No me detendré en los hechos históricos que llevaron a la llamada Decena Trágica y a cómo, al hermano del presidente, el tuerto Gustavo Madero, le vaciaron el otro ojo antes de matarlo (además de matar al presidente mismo en el golpe de Estado de 1913). Es una triste historia sabida por todo mejicano y sólo quisiera añadir un enlace a un novedoso campo de estudio.

Esbirros de Huerta,
quien se autoidentificaba como “indígena”
matan al criollo Gustavo Madero.

Lo que he llegado a traducir del capítulo final del libro del profesor Kevin MacDonald (aquí) da la idea de por qué el sueño maderista, a pesar de noble, era irreal. Madero nunca se percató de que en el fondo esas “varias revoluciones” de las que hablaría Paz reflejaban pugnas entre los diversos, e irreconciliables, grupos étnicos de la nación que quiso unificar (de ahí mi metáfora “quimera imposible”).

A fin de introducir al lector a una lectura académica y abstracta como la de MacDonald, permítame decir que una verdadera nación, no una quimera, es un país que comparte la misma sangre. Estados Unidos era una nación cuando yo nací, tiempos en que la gente de color comprendía sólo el 10 por ciento de esa nación, y estaban segregados. Actualmente los morenos y otros grupos no blancos ya son mayoría en estados como California: la Unión Americana comente exactamente los mismos errores que cometió su vecino del Sur.

Cuando la sangre común se seca, como se está secando a lo largo de Occidente gracias a los métodos anticonceptivos, el aborto y un estilo de vida disipado y hedonista, la civilización que esa raza produjo se seca también, y lo único que queda es un estado.

La única manera de restaurar una nación decadente como Estados Unidos, donde los blancos serán minoría a lo largo del país, es restaurar el concepto de nación como la tierra de un grupo de gente que comparte una herencia genética común.

En Estados Unidos lo único que puede salvarlos es una nueva guerra, y esta vez exitosa, de secesión. En Méjico es mucho más complicado pensar en una solución, en tanto que los blancos puros nunca fueron mayoría en esta región.

Anuncios
Published in: on junio 18, 2011 at 12:09 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://nacionalismocriollo.wordpress.com/2011/06/18/mejico-es-una-quimera/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: