La Ciudad de Méjico

Casi nunca leo prensa escrita en español. Mi desprecio por aquellos que se mestizaron, e incluso por aquellos que no lo han hecho pero que no ven nada malo en el mestizaje, es infinito. Tanto así que no tengo un solo amigo en la ciudad de veinte millones donde vivo…

george-zimmerman closeup

No obstante, por pura curiosidad en el caso de la absolución de Zimmerman hoy leí una nota en la página 16 de la edición en papel del periódico mejicano Reforma, el cual recogió hoy un artículo de El País Internacional, “Arrestan a 21 en protestas contra el racismo” escrito por Yolanda Monge.

El negro que asaltó al mestizo Zimmerman quería “ser gángster” según sus propias palabras. Pero Yolanda omitió decir que Zimmerman, cuya madreada cara por el negro aparece en la foto, corría peligro de muerte cuando el salvaje lo asaltó y le molía la cara a puñetazos. De hecho, el negro estaba encima de Zimmerman mientras golpeaba la cara y el cráneo del mestizo se estrellaba contra el suelo de la calle. La méndiga Yolanda no menciona media palabra—nada—de que Zimmerman estaba siendo molido cuando, en defensa propia, disparó.

La entrega voluntaria al mal del Reforma mejicano; de El País Internacional español, y de aquellos imbéciles que compran, leen y se tragan semejante prensa es apenas concebible. Pero quiero limitarme en esta entrada a una viñeta autobiográfica que podría explicar el odio que siento por la Ciudad de Méjico.

Cuando era niño vivía a muy pocas cuadras del lugar en que hoy día se asientan las oficinas de Reforma. Era un terreno baldío y, para llegar allí desde mi casa, había que pasar al lado de otros enormes terrenos baldíos: tan enormes de hecho que los niños echaban sus papalotes a volar en esos amplios y planos espacios.

Ahora en esa misma calle donde aún se halla en pié la casa de mi abuela, la calle San Lorenzo en la Colonia Del Valle, se han levantado grandes moles de edificios; y la colonia entera se encuentra inundada por una marabunta de Neandertales que salen de una estación del metro que no existía cuando era niño. Además, esa marabunta de humanos color café ha llevado a mi antigua colonia innumerables puestos callejeros que bastardean la vista pública de la que había sido mi pacífica Del Valle.

El haber destruido a mis referentes nostálgicos de niño explica parte de mi deseo de venganza contra esta ciudad de nacos (“naco” es el equivalente de nigger en Estados Unidos, aunque se refiere a los indios levemente mestizados).

No deseo ser canibalizado por los nacos en un futuro próximo, cuando el dólar colapse. Escapar de la metrópoli es la más alta prioridad en mi vida. Si lograra escapar vería con gusto que los habitantes de esta ciudad degenerada que destruyó mis referentes nostálgicos comenzaran a morir de hambre…

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Published in: on julio 16, 2013 at 12:58 pm  Dejar un comentario  

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