El niño sacrificado

Hace poco adquirí El Sacrificio Humano en la Tradición Religiosa Mesoamericana, tratado académico de 2010 que, entre muchas otras cosas, arroja luz sobre la fotografía de Héctor Montaño en un capítulo de mi libro (la foto que puse arriba de la nota “Los restos de un niño sacrificado a Huitzilopochtli en Templo Mayor”).

La reproduzco de nuevo:

sacrificado a Huicho

En el artículo de El Sacrificio Humano, “Huitzilopochtli y el sacrificio de niños en el Templo Mayor de Tenochtitlan” de Leonardo López Luján, Ximena Chávez Balderas, Norma Valentín y Aurora Montúfar (páginas 367-394), los autores nos dicen:

Todo indica que este depósito es la expresión material de una ceremonia sacrificial multitudinaria motivada por la devastadora sequía del año 1 Tochli, correspondiente a nuestro 1454 y consignada en buen número de anales indígenas. La presencia de la Ofrenda 48 en la esquina noroeste del Templo Mayor coincide plenamente con las fuentes documentales del siglo XVI… (páginas 367-368).

Durante tales ceremonias [a Tláloc], sujetas al calendario o realizadas en momentos de crisis, los niños eran simbólicamente asimilados a los asistentes enanos y deformes de la lluvia, en tanto que las profusas lágrimas que derramaban al ser inmolados servían como un augurio esperanzador de copiosas precipitaciones. El minucioso estudio que Michel Graulich ha publicado recientemente sobre el sacrificio humano entre los mexicas indica que, por lo regular, los elegidos eran niños regalados o vendidos por sus padres…, pequeños esclavos ofrecidos por señores y gente pudiente, infantes comprados fuera de la ciudad o hijos de prisioneros de guerra. Hay menciones, además, de que los reyes y los señores responsables en cierta medida del buen funcionamiento de los meteoros, destinaban a sus propios retoños al téhcatl durante sequías o inundaciones, o para lograr ricas cosechas (páginas 368 & 370).

El análisis tafonómico

Numerosas huellas de corte en las costillas de ambos lados de la caja torácica, así como de fracturas peri mórtem producidas por la misma acción cortante… A nuestro juicio, este conjunto de evidencias es suficiente para concluir que el niño de la Ofrenda 111 murió durante una ceremonia sacrificial en la que se extrajo su diminuto corazón (páginas 377-378).

El sacrificio de niños, la guerra y Huitzilopochtli

No todos los sacrificios de niños estaban vinculados con las divinidades de la lluvia y la fertilidad. Algunos documentos históricos nos revelan que las personas que se encontraban en situaciones de adversidad, que habían perdido su libertad o que sufrían una terrible enfermedad prometían entregar a sus hijos a cambio de su salvación. En otros casos, se cobraba la vida de infantes justo antes de las confrontaciones bélicas (páginas 381-382).

En páginas siguientes los autores mencionan a los cronistas como fuentes complementarias a lo que la arqueología reciente descubrió; cronistas y crónicas como López de Gómora, la “Relación de Coatepec y su partido”, fray Antonio Tello, fray Diego Durán y fray Bernardino de Sahagún.

Es agradable ver que la ciencia moderna corrobora, no desmiente, lo que los españoles decimosextos habían atestiguado.

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Published in: on noviembre 30, 2013 at 12:22 pm  Dejar un comentario  

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