Los Diarios de Turner, epílogo

LosDiariosDeTurner 
Así termina el diario de Earl Turner, de la manera tan poco pretenciosa como cuando comenzó. Su misión final fue un éxito, naturalmente: y así es recordado todos los años en el 9 de noviembre, nuestro tradicional Día de los Mártires.

Con el centro neurálgico militar del Sistema destruido, las fuerzas del Sistema posicionadas fuera del enclave de la Organización en California continuaron a la espera de órdenes que nunca llegaron. Con la moral baja, deserciones, creciendo la indisciplina de los negros, y finalmente por la incapacidad del Sistema de asegurar la línea de suministros a sus tropas en California, todo eso resultó en una erosión gradual de la amenaza de invasión.

Ocasionalmente el Sistema comenzó a reagrupar sus fuerzas en otros lugares, para encarar nuevos desafíos en otras partes del país.

Y entonces, tal y como los judíos temían, el flujo de activistas de la Organización dio un vuelco de 180 grados de lo que había sido las semanas y los meses inmediatamente anteriores del 4 de julio de 1993. Según los datos de los campos de entrenamiento en zona liberada, al principio cientos, después miles de guerrilleros altamente motivados empezaron a deslizarse a través de los anillos de tropas cada vez más disminuidas del Sistema.

Con estas fuerzas guerrilleras la Organización siguió el ejemplo de Baltimore y rápidamente estableció zonas de nuevos enclaves, principalmente en las áreas devastadas por las bombas nucleares, donde la autoridad del Sistema era más débil.

El enclave de Detroit fue inicialmente el más importante de todos. Una anarquía sangrienta había reinado sobre los supervivientes del área de Detroit durante bastantes semanas después de las explosiones nucleares del 8 de septiembre. Parecía que algo semejante al orden había sido restaurado, con las tropas del Sistema compartiendo blandamente el poder con ciertas bandas de negros en el área. A pesar de que eran pocos los enclaves de blancos aislados que mantenían a raya las bandas de rateros y violadores negros, la mayoría de los blancos, desmoralizados y desorganizados en Detroit y sus alrededores, no ofrecieron ninguna resistencia efectiva a los negros, y sufrieron bastante tal como en otras áreas del país densamente pobladas por negros.

Entonces, a mediados de diciembre, la Organización vio una alternativa. Un cierto número de incursiones relámpago sincronizadas contra los puntos fuertes del Sistema se contemplaban como una sencilla victoria. La Organización estableció ciertos patrones en Detroit que pronto fueron imitados en todos lados. A todas las tropas blancas hechas prisioneras, tan pronto como entregasen las armas, se les ofreció la oportunidad de luchar con la Organización contra el Sistema. Aquellos que se ofrecieron voluntarios inmediatamente fueron llevados aparte para una selección preliminar y enviados a campos para su adoctrinamiento y entrenamiento especial. Los otros fueron ametrallados al instante, sin contemplaciones.

El mismo grado de dureza fue utilizado en el trato con la población civil. Cuando los cuadros de la Organización entraron en las áreas protegidas en las zonas residenciales de Detroit, la primera prioridad que vieron necesaria fue liquidar a la mayoría de los líderes blancos locales, de cara a instaurar la autoridad incuestionable de la Organización. No había ni tiempo ni paciencia para hacer razonar a esos líderes blancos, cortos de miras, que insistían que ellos no eran ni “racistas” ni “revolucionarios” y que no necesitaban la ayuda de “agitadores externos” que se metieran en sus asuntos, o a los que tenían alguna fijación conservadora o parroquial.

Los blancos de Detroit y otros nuevos enclaves fueron organizados según los planteamientos de Earl Turner para Baltimore; no como en California, sino de una manera más dura y más rápida. En muchos lugares del país no existía la posibilidad de una separación ordenada a gran escala de los no blancos, como sucedió en California, y la consecuencia fueron acciones sangrientas durante meses, teniendo grandes consecuencias para todos los blancos que no estaban controlados por la Organización.

Los alimentos empezaron a escasear críticamente en todos lados durante el invierno de 1993-1994. Los negros cayeron en el canibalismo, como lo hicieron en California, mientras que blancos hambrientos, que habían ignorado la llamada de la Organización a levantarse contra el Sistema, empezaron a aparecer en los límites de las zonas liberadas mendigando comida. La Organización sólo era capaz de alimentar a la población bajo su control, imponiendo un severo racionamiento, y era necesario echar fuera a los rezagados.

Aquellos que eran admitidos, y eso quiere decir sólo niños, mujeres criando u hombres en total capacidad para combatir en la Organización, estaban sujetos a la investigación racial que se había utilizado en California, para separar a los blancos de los no blancos. No era suficiente el ser meramente blanco; de cara a comer uno tenía que ser juzgado con respecto a sus genes.

Primero se estableció la practica en Detroit: y después se adoptó en todos los lugares dotando a cualquier hombre blanco, capaz de luchar, aquél que quisiera ser admitido en un enclave, con una comida caliente y con una bayoneta o cualquier elemento cortante, con filo. Su frente se marcaba con una tinta indeleble, se le invitaba a marcharse y sólo se le admitiría permanentemente cuando trajese una cabeza fresca de un negro o de cualquier otro no-blanco. Este procedimiento aseguraba que la comida, tan importante, no había sido malgastada en aquellos que no pudiesen o quisiesen alistarse en la fuerza de combate de la Organización, pero supuso un gran precio a pagar por los elementos más débiles y decadentes de los blancos.

Decenas de millones murieron durante la primera mitad de 1994 y la población blanca del país alcanzó el punto más bajo de los 50 millones aproximadamente en agosto de ese año. Para entonces, sin embargo, casi la mitad de los blancos que quedaban estaban en los enclaves de la Organización, y la producción de alimentos y su distribución era apenas suficiente para evitar muertes por hambruna.

A pesar de que existía todavía una especie de gobierno central, las fuerzas militares y policiales del Sistema estaban, a todo efecto, reducidas a un número de comandancias locales autónomas cuyo principal objetivo resultaba ser la búsqueda de alimentos, licor, gasolina y mujeres. Tanto la Organización como el Sistema evitaron enfrentamientos a gran escala entre ellos; la Organización limitándose a incursiones intensas contra las concentraciones de tropas del Sistema y sus bases, y las fuerzas del Sistema confinándose y protegiendo sus líneas de suministro, y en alguna zona intentando evitar la expansión de los enclaves de la Organización.

Pero los enclaves de la Organización continuaron expandiéndose, sin importar el tamaño y el número, todo a través de los cinco Años Oscuros que precedieron a la Nueva Era. En un momento, hubo cerca de 2.000 enclaves diferentes de la Organización en Norteamérica. Fuera de estas zonas de orden y seguridad, la anarquía y el salvajismo creció y empeoró, con la única autoridad de bandas asquerosas que se combatían entre ellas y se cebaban en las masas indefensas.

Muchas de estas bandas estaban compuestas de negros, puertorriqueños, chicanos y medio blancos mestizos. En número creciente, sin embargo, los blancos también formaron bandas bajo planteamientos raciales, incluso fuera de la guía de la Organización. Según avanzaba la guerra de exterminio, millones de blancos blandos, urbanitas, con el cerebro lavado, poco a poco comenzaron a recuperar su hombría. El resto, murió.

El éxito creciente de la Organización no se llevó a cabo sin retrocesos, naturalmente. Uno de los casos más notables fue la terrible masacre de Pittsburgh, en junio de 1994. La Organización había establecido un enclave en mayo de ese año, forzando la retirada de las fuerzas locales del Sistema, pero no supo actuar de la manera más rápida para eliminar al elemento judío.

Un número de judíos, en colaboración con los blancos conservadores y también con los liberales, tuvieron tiempo de hacer un plan de subversión. El resultado fue que las tropas del Sistema, ayudadas por la quinta columna dentro del enclave, recapturaron Pittsburgh. Los judíos y los negros se lanzaron a un asesinato en masa, reminiscencia de la Revolución bolchevique de instigación judía 75 años antes.

Cuando acabó la orgía de sangre, casi todos los blancos habían sido asesinados en la carnicería u obligados a marcharse. Los miembros supervivientes de la Organización de la Comandancia de Pittsburgh, cuyas vacilaciones en el trato con y para los judíos habían propiciado la catástrofe, fueron detenidos y fusilados por un escuadrón disciplinario actuando bajo las órdenes de la Comandancia Revolucionaria.

En la única ocasión, después de noviembre de 1993 en la cual la Organización se vio forzada a detonar un arma nuclear en el continente Norteamericano, ocurrió un año después en Toronto. Cientos de miles de judíos se habían marchado de los Estados Unidos hasta esa ciudad de Canadá durante 1993 y 1994, creando casi una segunda Nueva York y utilizándola como centro de Comandancia para la guerra que se estaba librando al sur. Tal y como eran conscientes, ambos, los judíos y la Organización, la frontera entre los Estados Unidos y Canadá no tenía importancia alguna durante las últimas etapas de la Gran Revolución, y, a mediados de 1994, las condiciones eran ligeramente menos caóticas en el norte de la frontera que en el sur.

Durante los Años Oscuros ni la Organización ni el Sistema podían esperar una ventaja decisiva de uno contra el otro, sobre todo cuando ambos tenían capacidad nuclear. Durante la primera parte de este periodo, cuando la capacidad militar del Sistema superaba por mucho la capacidad de la Organización, únicamente la amenaza de las reservas de ojivas nucleares escondidas en los mayores centros de población, todavía bajo control del Sistema, impedía al Sistema en la mayoría de los casos hacer ningún movimiento contra las zonas liberadas por la Organización.

Más tarde, cuando la Organización creció, junto con el arrepentimiento de las fuerzas del Sistema que se manifestaban por las deserciones, se desniveló el equilibrio de las fuerzas convencionales. El Sistema retuvo el control sobre ciertas unidades militares armadas con armas nucleares, y bajo amenaza forzó a la Organización para dejar intactas ciertas plazas fuertes del Sistema.

Incluso las tropas de élite nucleares tan queridas del Sistema no eran inmunes al proceso de desgaste que erosionaba las fuerzas convencionales del Sistema, pudiendo posponer lo inevitable temporalmente. El 30 de enero de 1999, durante la tregua momentánea de Omaha, el último grupo de generales del Sistema se rindió a la Organización, como respuesta al compromiso de que pudiesen vivir, ellos y sus familias, sin ser molestados por el resto de sus días. La Organización mantuvo su compromiso instalándolos en una reserva especial en una isla de la costa de California.

Entonces vino un periodo de operación limpieza, donde las últimas de las bandas no blancas fueron cazadas y exterminadas, seguido de una purga final de elementos raciales no deseables dentro de la población blanca que quedaba.

Desde la liberación de Norteamérica hasta el comienzo de la Nueva Era en todo el planeta, transcurrió un tiempo muy corto de 11 meses. El Profesor Anderson ha registrado y analizado los hechos de este periodo culminante al detalle en su Historia de la Gran Revolución. Aquí sólo cabe señalar que con los principales centros de poder mundial judíos aniquilados y la amenaza nuclear de la Unión Soviética neutralizada, los obstáculos más grandes para la victoria mundial de la Organización se habían desvanecido.

Desde 1993, la Organización ya tenía células activas en Europa Occidental, que crecieron con una rapidez extraordinaria en los años que precedieron a la victoria en América del Norte. El liberalismo había obtenido su cuota en Europa, igual que en América del Norte, y el viejo orden en la mayoría de los lugares estaba podrido, únicamente con una capa de barniz que diese cierta sensación de poder. El desastroso colapso económico en Europa en la primavera de 1999, siguiendo a la desaparición del Sistema en Norteamérica provocó un rearme moral de las masas europeas para el asalto final de la Organización.

Esa toma de poder sobrevino a todo lo ancho de Europa en el verano de 1999, como un huracán limpiador, liquidando en solo pocos meses el dominio, durante más de un milenio, de una ideología alienígena y de más de un siglo de profunda decadencia moral y material. La sangre llegó momentáneamente hasta los tobillos en muchas calles de las principales ciudades europeas según los traidores a su raza, los descendientes de generaciones de reproducciones disfuncionales, y las hordas de inmigrantes corrieron la misma suerte. Fue entonces cuando el amanecer de la Nueva Era rompió sobre el mundo Occidental.

El único centro de poder en el planeta que no estaba bajo el control de la Organización, a principios de diciembre, era China. La Organización quería posponer varios años la solución al problema chino, pero fueron los mismos chinos los que obligaron a la Organización a entrar en acción de una manera inmediata y drástica. Los chinos, naturalmente, habían invadido los territorios asiáticos de la Unión Soviética, inmediatamente después del bombardeo nuclear del 8 de septiembre de 1993, pero hasta la caída de 1999 se habían mantenido al este de los Urales, consolidando el vasto y nuevo territorio conquistado.

Cuando, durante el verano de 1999, una nación tras otra fue liberada en Europa por la Organización, los chinos decidieron meter mano en la Rusia Europea. La Organización respondió a este movimiento de una manera masiva, utilizando misiles nucleares para poner fuera de combate a los todavía primitivos misiles chinos y a su capacidad de bombarderos estratégicos, así como bombardeando también un gran número de nuevas concentraciones de tropas Chinas al oeste de los Urales.

Desafortunadamente, esta acción no frenó la marea amarilla que fluía desde China hacia el norte y el oeste. La Organización aún requería de algún tiempo para reorganizar y reorientar a la población europea, recientemente bajo su control, antes de que pudiera tan siquiera pensar cómo enfrentar de una manera convencional al torrente de infantería china atravesando los Urales hacia Europa: todas sus tropas de confianza en esos momentos apenas serían suficientes incluso como guarniciones en las áreas recientemente liberadas pero aún no pacificadas del este y del sur de Europa.

Así pues, la Organización recurrió a una combinación de medios químicos, biológicos y radiológicos, en una escala enorme, para solucionar el problema. En un periodo de más de cuatro años, unos 16 millones de millas cuadradas de la superficie terrestre, desde los Montes Urales hasta el Pacífico y desde el Océano Ártico hasta el Índico, fueron esterilizados eficazmente. Así se creó el Gran Basurero del Este.

Solo en esta última década es cuando ciertas áreas del Gran Basurero han sido declaradas aptas para la colonización. De todos modos, son sólo “seguras” en el sentido de que los productos tóxicos, sembrados hacía un siglo, han disminuido y ya no son un riesgo para la vida. Como todo el mundo sabe, las bandas de mutantes que vagan todavía por el Basurero representan aún una amenaza real, y puede llevar todavía otro siglo para que los últimos hayan sido eliminados, y la colonización blanca pueda volver a establecer presencia humana en este vasto territorio.

Pero fue en el año 1999 de acuerdo a la cronología de la vieja Era—justo 110 años después del nacimiento del grande (*)—, que el sueño de un mundo blanco finalmente vino a afirmarse. Fue gracias al sacrificio de las vidas de incontables miles de hombres y mujeres valientes de la Organización durante los años precedentes lo que mantuvo vivo el sueño hasta su realización.

De entre esos incontables miles, Earl Turner no jugó un papel discreto. Ganó la inmortalidad aquel oscuro día de noviembre, hace 106 años, cuando cumplió con fe las obligaciones para con su raza, para con la Organización y para la Orden sagrada que lo admitió en sus filas. Y haciendo lo que hizo, ayudó enormemente a que su raza sobreviviera y prosperara, a que la Organización alcanzase sus objetivos políticos y militares en todo el mundo, y a que la Orden gobernara con sabiduría y benevolencia en toda la Tierra, de ahora en adelante y para siempre.

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(*) El autor se refiere a Hitler (N. del admin)

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Published in: on diciembre 27, 2013 at 1:35 pm  Dejar un comentario  

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