Capítulo 28

LosDiariosDeTurner 
9 de noviembre de 1993.

¡Todavía quedan tres horas para las primeras luces del amanecer y todos los sistemas están listos para el “ahora”! Aprovecharé el tiempo para escribir unas cuantas páginas, las últimas de mi diario. Este es un viaje para mi solo de ida al Pentágono.

La ojiva está fijada en el asiento delantero de un viejo Stearman, y armada para detonar por impacto, o bien cuando accione el interruptor en el asiento trasero. Tengo la esperanza de ser capaz de arreglármelas para un impacto a baja altura, directo al centro del Pentágono. Si falla esto, por lo menos intentaré volar lo más cerca posible que pueda antes de que me derriben.

Hace más de cuatro años que no vuelo, pero me he familiarizado completamente con la cabina del Stearman, y me han informado sobre las particularidades del aeroplano. No preveo ningún problema en cuanto al pilotaje. El hangar está a sólo a ocho millas del Pentágono. Haremos un calentamiento intenso y cuando abran la puerta saldré como un murciélago a toda velocidad, directamente al Pentágono a una altitud de unos 50 pies.

Cuando pase por encima del perímetro defensivo iré como a unas 150 millas por hora y me llevará solo otros 70 segundos para llegar al objetivo. Dos tercios de las tropas alrededor del Pentágono son negros, lo cual aumentará mis posibilidades de pasar a través de ellos.

El cielo estará todavía bastante nublado y solo habrá la suficiente luz como para que tome mis puntos de referencia en el terreno. Hemos pintado el avión para que sea lo mas invisible posible bajo las condiciones de vuelo previstas, y volaré demasiado bajo como para que el fuego dirigido por radar me pueda alcanzar. Considerando todo, creo que mis posibilidades son excelentes.

Me da pena pensar que no estaré presente para participar del triunfo final de nuestra revolución, pero me alegra poder haber hecho todo lo que estaba en mi mano. Es reconfortante el pensamiento, en estas últimas horas de mi existencia física que, de todos los billones de hombres y mujeres de mi raza que alguna vez han vivido, yo seré capaz de jugar un papel más importante que muchos de ellos al determinar el destino último de la humanidad.

Lo que hoy haré tendrá mucho más peso en los anales de la raza que todas las conquistas de César y Napoleón, si triunfo. Y debo triunfar, o toda la revolución estará en grave peligro. El Comando Revolucionario estima que el Sistema lanzará la invasión contra California dentro de las próximas 48 horas. Una vez que la orden salga del Pentágono, nos veremos incapaces de parar la invasión. Y si mi misión falla hoy, no habrá tiempo suficiente para nosotros de intentar algo más.

El lunes por la noche, después de tomar la decisión final respecto a esta misión, asistí al rito de la Unión. De hecho, he estado asistiendo a los ritos desde las pasadas treinta horas, y no estarán completos hasta dentro de otras tres horas; sólo en el momento de mi muerte me habré ganado la pertenencia a la Orden.

A muchos les parecerá una perspectiva sombría, supongo, pero para mí no lo es. Supe lo que me esperaba desde mi juicio, el pasado marzo, y estoy agradecido de que mi periodo de prueba haya sido acortado en cinco meses, en parte debido a mi reciente crisis, y parcialmente debido a que mi desempeño desde marzo ha sido considerado ejemplar.

La ceremonia del lunes fue más emotiva y bella de lo que me podía haber imaginado. Más de 200 de nosotros, en el sótano de la tienda de regalos de Georgetown, en donde se habían quitado las paredes y quitado las cajas para hacernos sitio. Treinta nuevos aspirantes iban a ser admitidos en la Orden, y otros dieciocho incluyéndome a mí, íbamos a participar en el rito de la Unión.

Sin embargo, a mi me dieron un lugar especial, debido a mi situación única. Cuando el Mayor Williams me mencionó, di un paso al frente y me volví para encarar un mar de túnicas silenciosas. ¡Qué gran diferencia con el grupito de hacía dos años, donde sólo siete de nosotros nos juntamos en el piso de arriba para mi iniciación!

La Orden, incluso con sus requisitos extraordinarios está creciendo a velocidad asombros. Conociendo completamente lo que se pedía en cuanto a carácter y compromiso a cada uno de los hombres que estaban frente a mí, mi pecho se hinchó de orgullo. Estos no eran hombres de negocios barrigones y conservadores reunidos para una ceremonia masónica del pim, pam, pum; ni granjeros bocazas haciendo un pequeño ritual sobre “los malditos negros”; ni tampoco beatos piadosos clamando por la protección de una deidad antropomórfica. Estos eran hombres de verdad, hombres blancos, que estaban ahora en mi espíritu y en mi conciencia como también en mi sangre.

Según la linterna parpadeaba sobre las ásperas y grises túnicas de la multitud inmóvil, pensé para mí mismo: estos hombres son los mejores que mi raza ha producido en esta generación y son tan buenos como los producidos en cualquier otra generación. En ellos está combinada la fiera pasión y la disciplina de hielo, inteligencia profunda y actitud inmediata para la acción, un gran sentido de autorrespeto y un total compromiso a nuestra causa. En ellos descansa la esperanza de todo lo que podamos ser. Son la vanguardia de la Nueva Era, los pioneros que liderarán nuestra raza para sacarla de las profundidades de hoy hacia las cimas inexploradas de lo más alto. ¡Y yo soy uno de ellos!

Entonces, hice mi breve declaración: “Hermanos! Hace dos años cuando entré a vuestros niveles por primera vez, consagré mi vida a vuestra Orden y al propósito por la cual existe. Pero fracasé en el total cumplimiento de mis obligaciones para con vosotros. Ahora estoy en condiciones de cumplir con todas mis obligaciones a vosotros. Os ofrezco mi vida. ¿La aceptáis?”

Al unísono, con un rumor, me contestaron: “Hermano, aceptamos tu vida. A cambio te ofrecemos vivir en nosotros una vida eterna. Tu acto no será en vano, ni tampoco será olvidado, hasta el final de los tiempos. En este compromiso dedicamos nuestras vidas”.

Sé, tan ciertamente como sea posible a un hombre el saber todo, que la Orden no me fallará si yo no les fallo. La Orden tiene una vida que es más que la suma de las vidas de los miembros de la Orden en sí. Cuando habla colectivamente, como lo hizo el lunes, algo más profundo, más antiguo y más sabio que cualquiera de nosotros, es lo que habla, algo que no puede morir. A esa vida más profunda estoy ahora dispuesto a partir.

Claro que me hubiese gustado tener hijos con Katherine, para pasar a la inmortalidad de esa otra manera, pero no pudo ser. Estoy satisfecho.

Han calentado el motor desde hace unos diez minutos, y Bill me está haciendo señales de que es tiempo de partir. El resto de la cuadrilla se ha refugiado en el refugio que cavamos debajo del suelo del granero. Ahora le entregaré mi diario a Bill, que más tarde colocará en el lugar escondido con los otros volúmenes.

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Published in: on diciembre 28, 2013 at 11:57 am  Dejar un comentario  

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