Capítulo 27

LosDiariosDeTurner 

28 de octubre de 1993.

Recién llegado de Baltimore o lo que quedó de ella. Entre cuatro más y yo, llevamos un equipo portátil de medición radioactiva hasta Silver Spring, donde nos unimos a una unidad de Maryland para continuar hacia el Norte, a los arrabales de Baltimore. Debido a que las carreteras principales eran completamente intransitables, tuvimos que hacer campo a través más de la mitad del camino, conduciendo un camión sólo en las últimas doce millas.

A pesar de que habían pasado más de dos semanas desde el bombardeo, el estado de Baltimore era indescriptiblemente caótico cuando llegamos. Ni siquiera intentamos llegar al centro de la ciudad, toda quemada, pero incluso en los suburbios—zonas residenciales y zonas de campo, diez millas al este de la zona cero, la mitad de los edificios habían ardido. Incluso las carreteras secundarias dentro y fuera de los suburbios estaban atestadas con los restos de vehículos incendiados, y casi todas las personas que nos encontramos iban a pie. Grupos de husmeadores se encontraban por doquier, atisbando los comercios en ruinas, robando en el campo con mochilas, cargando bultos de cosas robadas, sobre todo comida, aunque también ropa, materiales de construcción, todo lo imaginable, como un ejercito de hormigas.

¡Y los cadáveres! Eran otra buena razón para evitar las carreteras todo lo posible. Incluso en las áreas donde murieron relativamente pocos durante la explosión o la radiación consecuente, los cuerpos yacían en las carreteras por millares. Eran casi todos refugiados del área de la explosión.

Cerca de la ciudad, uno veía los cuerpos de aquellos que fueron quemados por la bola de fuego; la mayoría de ellos no fueron capaces sino de caminar tan solo una milla antes de caer muertos. Más adelante estaban aquellos que habían sido menos quemados. Y mucho más lejos, en el campo estaban los cuerpos de aquellos que habían sucumbido a la radiación días o semanas después. Todos estaban abandonados a pudrirse ahí donde habían caído, excepto en las pocas áreas en la que los militares habían restaurado cierta semblanza de orden.

En ese momento contábamos solo con 40 miembros de la Organización entre los supervivientes del área de Baltimore. Habían estado involucrados en sabotajes, francotiradores, y otros esfuerzos guerrilleros contra la policía y el personal militar durante la primera semana después de la explosión. Entonces descubrieron gradualmente que las reglas del juego habían cambiado. Se dieron cuenta de que no era necesario actuar furtivamente, como lo hacían antes. Las tropas del Sistema repelían su fuego cuando les atacaban, pero no los perseguían. Quitando algunas zonas, la policía no intentaba llevar a cabo registros sistemáticos de personas y vehículos, y no había redadas en las viviendas. La actitud parecía ser “no nos molesten, y nosotros no los molestaremos”.

Los supervivientes civiles también tendían a mostrar una actitud mucho más neutral que hasta ahora. Existía temor a la Organización, pero muy pocas expresiones abiertas de hostilidad. La gente no sabía si habíamos sido nosotros los que habían disparado el misil que había destruido su ciudad, según decían las noticias del Sistema, pero parecía como si culpasen al Sistema por haber dejado que sucediera y a nosotros por haberlo hecho.

El holocausto por el que pasó la gente, les había convencido profundamente de una cosa: el Sistema no podía de aquí en adelante garantizarles su seguridad. No tenían ya ninguna traza de confianza en el antiguo orden: solamente querían sobrevivir, y se volverían hacia aquellos que pudiesen ayudarlos a mantenerse con vida un poco más.

Dándose cuenta de este cambio de actitud, nuestros militantes habían comenzado a reclutar y organizar a la gente superviviente de Baltimore, en apariciones semipúblicas con el éxito suficiente como para que el Comando Revolucionario autorizase el intento de establecer una pequeña zona liberada al oeste de la ciudad.

Once de nosotros, que habíamos llegado desde los suburbios de Washington para ayudar, nos apuntamos con entusiasmo, y en unos cuantos días habíamos establecido un perímetro de defensa razonable que abarcaba unas 2.000 viviendas y otros edificios con un total de unos 12.000 habitantes. Mi función principal era la de llevar a cabo una investigación radiológica del suelo, los edificios, la vegetación local y los recursos de agua en el área, para poder estar así seguros y libres de los niveles peligrosos de la radiación nuclear que resultó de la explosión.

Organizamos unos 300 hombres locales en una milicia más o menos efectiva, proporcionándoles armas. Hubiese sido arriesgado en esta situación tratar de armar a una milicia mayor que esta, porque no habíamos tenido la oportunidad de educar ideológicamente a la población local hasta donde hubiésemos querido, y todavía era necesario vigilarlos de cerca y tenerlos bien amarrados. Pero escogimos a los mejores entre los hombres disponibles en el enclave, ya que teníamos bastante experiencia en reclutar gente. No me sorprendería si la mitad de nuestros nuevos miembros de la milicia llegasen a ser miembros de la Organización y algunos de ellos probablemente incluso fuesen admitidos en la Orden.

Sí, creo que sin duda podíamos contar con nuestros nuevos reclutas. Queda todavía un montón de gente con valores humanos en este país, a pesar de la corrupción moral extendida. Después de todo, esa corrupción ha sido producida durante mucho tiempo por la instigación de una ideología extranjera y unos valores extranjeros en gente desorientada por un estilo de vida espiritualmente malo. El infierno por el que atraviesan ahora les está por lo menos quitando la estupidez y los deja más receptivos a una visión del mundo mejor de la que tenían antes.

Nuestro primer objetivo fue localizar y eliminar los elementos externos a nuestra raza, los aliens, y a los criminales a nuestra raza en el nuevo enclave. Es increíble cuántos del medio oriente, morenos y negros rizos han invadido este país en la última década. Creo que se apropiaron de todos los restaurantes y puestos de perritos calientes en Maryland. Fusilamos al menos a una docena de iraníes, únicamente en nuestro pequeño enclave, y por lo menos el doble huyeron cuando vieron lo que estaba pasando.

Entonces formamos a la gente en brigadas de trabajo para llevar a cabo una serie de funciones necesarias, una de las cuales era deshacerse de cientos de cadáveres de refugiados. La mayoría de estas pobres criaturas eran blancos, y escuché a uno de los nuestros referirse a lo que les había sucedido como “el sacrificio de los inocentes”.

No estoy muy seguro de que sea una descripción correcta del holocausto reciente. Lo siento, por supuesto, por los millones de blancos, en ambas partes, aquí y en Rusia, que murieron y que tendrán que morir antes de que termine esta guerra para quitarnos el yugo judío. ¿Pero, inocentes? Pienso que no. Ciertamente este término no debe ser aplicado a la mayoría de los adultos.

Después de todo, ¿no es el hombre esencialmente responsable por su condición, por lo menos en un sentido colectivo? Si las naciones blancas del mundo no hubiesen permitido ser sojuzgadas al judío, a las ideas judaicas, al espíritu judaico, esta guerra no habría sido necesaria.

Difícilmente podemos pensar que no somos culpables. Difícilmente podemos decir que no teníamos otra elección, sin oportunidad de evitar la trampa judaica. Difícilmente podemos decir que no estábamos advertidos.

Hombres de sabiduría, integridad y coraje nos han advertido una y otra vez sobre las consecuencias de nuestra locura. E incluso después de estar bien metidos en el camino de rosas del judío, hemos tenido la oportunidad de salvarnos más recientemente, hace cincuenta y dos años, cuando los Alemanes y los Judíos se enfrentaron por el control de la Europa Central y del Este.

Acabamos en el lado judío en ese enfrentamiento, principalmente porque escogimos a hombres corruptos como nuestros líderes. Y escogimos hombres corruptos porque nos equivocamos de valores en la vida.

Escogimos líderes que nos prometían “algo” por nada, es decir, regalado; que nos aplaudían nuestros vicios y debilidades; que mostraban personalidades agradables y sonrisas placenteras pero sin ningún carácter ni escrúpulos. Ignoramos las cuestiones realmente importantes en nuestra vida nacional y le dimos rienda suelta al Sistema criminal para que manejase nuestros asuntos como si fuese coser y cantar, siempre y cuando tuviésemos el suficiente pan y circo.

¿Y no son la locura, la ignorancia, la absoluta pereza, codicia, la irresponsabilidad, la timidez moral, los culpables de esta malicia deliberada? ¿No son nuestros pecados de omisión los que se vuelven contra nosotros tan grandes como los pecados de los judíos contra nosotros mismos?

En el libro de cuentas del Creador, así son las cosas. La Naturaleza no acepta excusas “buenas” en lugar de la actuación. Ninguna raza que fracasa en asegurar su propia supervivencia, cuando los medios para lograrlo están a mano, puede ser juzgada como “inocente”, así como ninguna pena que les caiga pueda ser considerada como injusta, sin importar lo severa que sea.

Inmediatamente después de nuestro triunfo en California este verano, en mis tratos con la población civil de allí, tuve bien presente por qué el pueblo americano no merecía ser considerado “inocente”. Su reacción a tener conflictos civiles estaba basado únicamente en la manera en que les afectaba sus propias circunstancias privadas. Durante el primer o segundo día antes de que apareciese, para la mayoría de la gente, la posibilidad de que los civiles blancos podíamos ganar, incluso los de cierta consciencia racial nos eran generalmente hostiles. Les estábamos revolviendo su estilo de vida, y haciendo que sus actitudes de obtención de vida fácil y placer, terriblemente inconveniente.

Después, cuando ya nos temían, les faltaba tiempo para adularnos. Pero no estaban realmente interesados en los aciertos y fallos de la lucha; no podían ser molestados con consideraciones de búsqueda espiritual a largo plazo. Su actitud era: “Decidnos qué es en lo que supuestamente debemos de creer, y creeremos”. Sólo querían tener seguridad y confort lo más rápidamente posible de nuevo. Y no estaban siendo cínicos; no eran gente sofisticada sino gente común y corriente.

La cuestión es que la gente corriente no es menos culpable que la gente no tan corriente y que los pilares del Sistema. Tomemos a la policía política, por ejemplo. La mayoría de ellos, los blancos, no son gente especialmente mala. Sirven a amos malignos, pero racionalizan lo que hacen: se lo justifican a sí mismos, algunos en términos patrióticos—protegiendo nuestra manera de vivir, libre y democrática y algunos en términos religiosos o ideológicos—sosteniendo los ideales Cristianos de igualdad y justicia.

Uno los puede llamar hipócritas, uno los puede señalar porque deliberadamente están evitando pensar en algo que les haga cuestionarse la validez de las frases de lugares comunes con las cuales se justifican a si mismos, ¿pero no es todo aquel que haya tolerado al Sistema también un hipócrita, haya soportado o no al Sistema? ¿No son culpables todos aquellos que repiten como cotorras descerebradas las mismas frases hechas?

No puedo pensar en ningún segmento de la sociedad blanca, desde los granjeros rednecks de Maryland y sus familias cuyos cuerpos radioactivos enterramos en una gran fosa común hace unos días, hasta los profesores universitarios que ahorcamos el pasado julio, que pueda decir que realmente no merecieran lo que les pasó. No hace muchos meses atrás, que todos aquellos que andan ahora vagando sin hogar y mascullando su suerte, estaban justamente pensando lo contrario.

No fueron pocos los nuestros que fueron duramente tratados en el pasado, y dos que conocí murieron al caer en las manos de los granjeros, los “buenos chicos” quienes, sin ser liberales o Goyim poco honrados, de ninguna manera soportaban a los “radicales” que les querían quitar su chicle de menta. En su caso, fue el de una profunda ignorancia.

Pero una ignorancia de este tipo no es más excusable que el balido liberal de los seudo-intelectuales que soterradamente introdujeron la ideología judaica durante tantos años; o la de la egoísta y cobarde clase media americana que se apuntó al paseo, quejándose únicamente cuando les tocaban el bolsillo.

No. Hablar de “inocentes” no tiene fundamento. Debemos observar nuestra situación colectivamente, en el sentido de raza. Debemos aceptar que nuestra raza es como un paciente con cáncer sometido a cirugía drástica para salvar su vida. No tiene sentido el preguntarse si el tejido cortado es o no “inocente”. Eso no es menos razonable que intentar distinguir a los “buenos” judíos de los malos, como algunos de los cabezas duras de los “buenos chicos” insisten, separando los negros buenos del resto de su raza.

El hecho es que todos somos responsables, como individuos, de la moral y el comportamiento de nuestra raza, como un todo. No hay posibilidad de evadir esa responsabilidad, de ahora en adelante para ninguno de los miembros de nuestra raza, y cada uno de nosotros ha de estar preparado para rendir cuentas de esa responsabilidad en cualquier momento. En estos días muchos son los llamados a hacerlo.

Pero el enemigo también está pagando un precio. Todavía tiene el control sobre algunas cosas aquí, más o menos, pero está casi aniquilado fuera de Norteamérica. A pesar de que el gobierno está censurando la mayor parte de las noticias que vienen del extranjero, hemos recibido informes clandestinos de nuestras unidades en el extranjero, y también hemos escuchado las noticias de las emisoras europeas.

Después de veinticuatro horas de alcanzar Tel-Aviv y otra media docena de objetivos israelíes el mes pasado, cientos de miles de árabes cruzaron las fronteras de la Palestina ocupada. La mayoría de ellos eran civiles, armados solo con cuchillos o palos, y los guardias fronterizos judíos abatieron a miles de ellos, hasta que se les acabaron las municiones. El odio de los árabes durante cuarenta y cinco años los llevó a cruzar campos de minas, bajo el fuego de las ametralladoras judías, y entrar en el caos radiactivo de las ciudades en llamas, con la sola voluntad de arrasar con la gente que robó sus tierras, mató a sus padres, y los humilló durante dos generaciones. En una semana la garganta del último superviviente judío, en el último kibutz, y en la última ruina humeante de Tel-Aviv, había sido rebanada.

Las noticias de la Unión Soviética son escasas, pero las noticias dicen que los supervivientes rusos han tratado a los judíos allí de la misma manera. En las ruinas de Moscú y Leningrado, durante los primeros días, la gente atrapó a todos los judíos que pudo y los echaron a los edificios en llamas, o a los montones de escombros ardientes.

Persecuciones anti-judías se han sucedido en Londres, París, Bruselas, Rotterdam, Bucarest, Buenos Aires, Johannesburgo y Sídney. Los gobiernos de Francia y de los Países Bajos, ambos corrompidos por los judíos hasta la medula, han sido derribados.

Es algo parecido a lo que ocurría de tiempo en tiempo en la Edad Media, naturalmente, al final la gente entendía lo que era el judío y sus artimañas. Desgraciadamente, nunca terminaban el trabajo, y tampoco lo harán en esta ocasión. Estoy seguro de que los judíos están haciendo ya planes para su regreso, tan pronto como la gente se haya calmado y olvidado. ¡La gente tiene tan poca memoria!

¡Pero nosotros no nos olvidaremos! Sólo eso es suficiente para asegurarnos de que la historia no se repetirá de nuevo. No importa el tiempo que nos lleve, y no importa lo lejos que tengamos que llegar. Pediremos hacer cuentas entre nuestras dos razas. Si la Organización sobrevive a esta situación, no habrá más judíos. Iremos hasta los extremos más lejanos de la tierra para cazar a las últimas semillas de Satanás.

Los principios que estamos aplicando en Maryland son algo diferentes de los utilizados en California, porque la situación es diferente. Aquí, al revés que en California, no hay barreras naturales, ni geográficas, ni un círculo de tropas gubernamentales que separen nuestro enclave de los alrededores. Claro que hicimos todo lo que pudimos para corregir esta debilidad.

Escogimos un perímetro, como primera medida, que se desarrolla a través de obstáculos naturales dentro del patrón de las estructuras hechas por el hombre, por casi media milla el obstáculo es de sólo cien yardas de ancho a lo largo de una autopista fuera de servicio, con las tropas del Sistema controlando el otro hueco. Cerramos algunas zonas abiertas con alambradas de púas y minas, y quemamos edificios y limpiamos por fuera del enclave que podían servir de refugio para francotiradores o para la concentración de tropas enemigas.

Pero si la gente de nuestro enclave quiere marcharse, no hay manera en que nuestra milicia lo pueda impedir. Dependemos de tres cosas, mucho más que el temor de ser abatidos por un disparo, para retenerlos. Primero, hemos dado a la gente orden, y estamos haciendo un trabajo mucho mejor para mantener el orden dentro de nuestro enclave que el que está haciendo el gobierno afuera. Después de la dosis de caos que esta gente ha digerido, casi todos los de cerebro lavado que piensan “ocúpate de tus asuntos” están hambrientos de autoridad y disciplina.

Segundo. Estamos muy avanzados en el proceso de tener una economía de subsistencia en el enclave. Tenemos un tanque de almacenamiento de agua mayor, que podemos tener siempre lleno sólo con bombear agua subterránea de dos pozos que ya existían previamente; hay dos almacenes de alimentos completamente intactos y un silo de grano casi lleno; y también tenemos cuatro granjas funcionando, incluyendo para productos diarios, con casi total capacidad como para alimentar a nuestra gente. Nivelamos nuestro déficit de alimentos haciendo incursiones fuera del enclave, pero para cuando hayamos puesto a todo el mundo a trabajar, convirtiendo cualquier trozo de terreno cultivable en huertos, eso ya no será necesario.

Por último y no por ello menos importante, todos en el enclave son blancos. Tratamos sumariamente con cualquier caso que ofreciera dudas, mientras que fuera es como un terrible surtido de blancos, casi blancos, gitanos, chicanos, puertorriqueños, judíos, negros, orientales, árabes, iraníes y todo lo que hay bajo el sol. Cualquiera que sienta la necesidad de un poco de “hermandad”, al estilo judaico, puede marcharse de nuestro enclave. Dudo que muchos sientan esta necesidad.

2 de noviembre.

Hemos tenido una larga reunión esta tarde, en la cual repasamos los últimos acontecimientos nacionales y hemos establecido nuevas prioridades para nuestro programa local de acción.

No ha habido grandes cambios en la situación nacional desde las pasadas seis semanas: el gobierno ha sido capaz de hacer muy poco para restaurar el orden en las áreas devastadas, o para compensar por los daños causados en el sistema de transportes nacional, sus generadores de energía y la distribución de esta, y otros componentes esenciales de la economía nacional. La gente ha sido abandonada a su suerte, mientras que el gobierno se centra únicamente en sus propios problemas, uno de los cuales y no menos importante es la confianza en sus fuerzas militares.

La incapacidad de reacción, en sí misma, nos anima mucho, porque significa que el Sistema no está recuperando el grado de control sobre el país que tenia antes del 8 de septiembre. El gobierno simplemente ha sido incapaz de controlar las condiciones caóticas que prevalecen en grandes áreas.

Nuestras unidades han hecho todo lo posible en cuanto a sabotajes, con el único propósito de mantener la situación desestabilizada. Pero el Comando Revolucionario ha estado esperando para ver qué condiciones a medio plazo se presentarán antes de decidir el próximo paso en la estrategia de la Organización. La decisión ya ha sido tomada, y nos corresponde a nosotros hacer en otros lugares, lo mismo que llevamos a cabo en Maryland el mes pasado. Pasaremos de una estrategia de acciones de guerrilla a una organización semipública o pública. Estas son noticias excitantes: ¡significa una nueva escalada en nuestra ofensiva, una escalada que sólo la llevaremos a cabo porque tenemos confianza en que la balanza de la batalla esta ahora a nuestro favor!

Pero la antigua fase de la lucha no está en absoluto abandonada, y una de las preocupaciones que tenemos es la de un asalto a gran escala militar a California. Las fuerzas gubernamentales se están concentrando rápidamente en el área sur de California, y la invasión de las zonas liberadas parece inminente. Si el gobierno triunfa en California, entonces hará lo mismo contra Baltimore y con otros enclaves que podamos establecer en un futuro, a pesar de nuestras amenazas nucleares.

El problema parece ser un grupito de generales conservadores del Pentágono, que nos ven a nosotros más como una amenaza a su propia autoridad que al Sistema en sí mismo. No tienen ningún amor a los judíos y no están especialmente descontentos con la situación actual, en la que son de hecho los gobernantes del país. Lo que les gustaría sería institucionalizar permanentemente el presente estado de ley marcial y después, gradualmente, restaurar el orden, trayendo un nuevo status quo basado en sus ideas francamente reaccionarias y de corto alcance.

Nosotros, claro, estamos en su punto de mira y se están moviendo para aplastarnos. Lo que les hace especialmente peligrosos para nosotros es que no temen tanto nuestra respuesta nuclear como lo hicieron sus predecesores. Saben que podemos destruir más ciudades y matar a muchos más civiles, pero piensan que a ellos no los podemos matar.

Conversé en privado con el Mayor Williams, del Comando de Batalla de Washington, durante más de una hora, sobre el problema de atacar el Pentágono. Los otros centros principales de comando de los militares fueron puestos fuera de combate el 8 de septiembre o consecuentemente incorporados al Pentágono, cuyo alto mando aparecía aparentemente como inalcanzable.

Y esa era la maldita verdad. Sopesamos todas las posibilidades que se nos ocurrieron y no llegamos a ningún plan convincente, excepto, probablemente, uno. Sería lanzar una bomba desde el aire.

En el sistema masivo de defensa alrededor del Pentágono, hay una enorme cantidad de potencia antiaérea, pero convenimos que un pequeño avión, volando a ras del suelo, podría atravesar las millas de defensas con una de nuestras cabezas de 60 kilotones. Un factor a favor de este intento es que nunca antes habíamos utilizado aeroplanos de esa manera, y habíamos pensado en la posibilidad de sorprender a las unidades antiaéreas con la guardia baja.

A pesar de que los militares tienen bajo control todos los aeródromos civiles, tenemos una vieja área de limpiado de cosecha en un granero a sólo una milla de aquí. Mi misión inmediata es preparar un plan detallado para un ataque aéreo al Pentágono para el próximo lunes. Deberemos tomar una decisión final para entonces, y después actuar sin demora alguna.

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Published in: on diciembre 29, 2013 at 1:39 pm  Dejar un comentario  

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