Salve Europa

por Manu Rodríguez

En las circunstancias actuales lo primero que hay que “salvar” es la tierra madre, Europa. Europa es nuestra casa, nuestro hogar ancestral; nuestra tierra sagrada. Son las poblaciones aryas europeas las que en primer lugar han de alcanzar el status de “naciones” o “Estados étnicos”.

El primer intento, como se sabe, fue frustrado—por quienes ya sabemos. En algún lugar en [los escritos de Kevin] MacDonald leí que la revolución blanca comenzaría en Europa. No sé en qué se basaría para augurar tal cosa. Hay sí, pequeños partidos nacionalistas aquí y allá, pero no hay conciencia étnica ni nacionalista en el sentido radical nazi. Juegan a la democracia, se solidarizan con Israel… Generalmente les une el anti-islamismo. Pero el islam es uno de los problemas que nos ha traído la normativa universalista que nos viene de la ONU, la UE o los organismos internacionales subordinados o adyacentes. Estamos obligados a ser Estados multiculturales, multirraciales, multiconfesionales e tutti quanti.

Romper con estas organizaciones supranacionales—que limitan la independencia y la soberanía de nuestras naciones—es lo primero. El internacionalismo en la economía, en la política, en el flujo poblacional está acabando con las naciones étnicas seculares, sobre todo en Europa. No son sólo los musulmanes asiáticos y africanos; seguimos teniendo judíos (en Francia, Hollande, el socialista, y Sarkozi, el conservador, son judíos—la izquierda y la derecha). La población china va en aumento, y también la población amerindia americana (apenas si hay emigración blanca de vuelta).

El deterioro étnico y cultural de nuestras poblaciones europeas aumenta cada día. El flujo migratorio es imparable por el sur (África), por el Este (Oriente Medio, Asia Central, China), y por el oeste (amerindios). Si todo sigue como hasta ahora acabarán con nosotros en unas pocas generaciones.

Salvar Europa, la tierra del origen, la tierra sagrada de los pueblos blancos: éste es el cometido de las poblaciones blancas repartidas por el mundo. Que Europa, nuestra tierra sagrada, permanezca étnica y culturalmente incontaminada, pura. Ésta es nuestra cruzada.

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En cualquier lugar del planeta que no sea Europa (incluida Rusia), somos extranjeros. Personalmente no acabo de comprender el nacionalismo blanco fuera de Europa (las Américas, Australia, Nueva Zelanda). Hemos privado de sus tierras y de sus culturas a numerosos pueblos. ¿Por qué lo que deseamos para nosotros no lo deseamos también para los demás?

Hace mucho tiempo que se desató el mal: la codicia de bienes y territorios ajenos, junto con la indiferencia por lo más sagrado: la raza, el nexo con los antepasados, la cultura ancestral, el territorio ancestral—lo más sagrado propio, y lo más sagrado extranjero. El mundo apesta de impurezas étnicas, lingüísticas, culturales… Hay pocos rincones puros o no contaminados, o lo que es lo mismo, genuinos, verdaderos. Hemos destrozado el árbol de los pueblos y culturas del mundo, que es también el árbol de la vida. Hemos atentado contra lo más sagrado.

Las conversiones de los pueblos a credos universalistas o internacionalistas, religiosos o políticos, que alcanza hasta nuestros días, han tenido su parte en esta destrucción. Pueblos alejados de sus orígenes étnicos y culturales; masas desarraigadas, apátridas… La adopción de ideologías transétnicas y transculturales—de origen extranjero; de origen, en la mayoría de los casos, judío (salvo los universalismos hinduista y budista)—han terminado sembrando la indiferencia hacia los diversos legados étnicos y lingüístico-culturales de los pueblos: las ancestrales señas de identidad.

Los imperios multiétnicos y multiculturales del pasado (Egipto, el periodo sumerio-acadio, Asiria, Babilonia, India, Persia, Grecia, Roma) trajeron al mundo estas ideologías universales que no tenía otra función que unir de modo nuevo a aquellas poblaciones heterogéneas, de tan diversos orígenes.

La necesidad actual de unificar ideológicamente al planeta repite la vieja cuestión. La corriente demo-liberal del momento otorga un credo transnacional, transétnico y transcultural en un medio étnica y culturalmente heterogéneo donde las viejas tradiciones y los nexos ancestrales han, prácticamente, desaparecido. Es una competición, una concurrencia entre los universalismos religiosos y políticos. Las diversas poblaciones se convierten en presa de estos. Pululan los misioneros políticos y religiosos difundiendo credos universales, musulmanes, cristianos, hinduistas, budistas, demócratas, comunistas… en poblaciones que ya han perdido el rastro de sus orígenes, en poblaciones ya desarraigadas; esto es, previamente cristianizadas, islamizadas, democratizadas.

Dicho sea de paso: también los judíos están afectados por este cáncer cultural propio de los imperios multiculturales que ellos mismos tanto han contribuido a difundir; los credos transétnicos, transculturales, transconfesionales. Su gente no ha permanecido inmune.

En este caos que vivimos, en esta mezcla indeseable, en esta impureza, en esta monstruosidad, en esta fealdad los pueblos no tenemos otra salida que aferrarnos a nuestra sangre y a nuestra memoria; a nuestras identidades étnicas y lingüístico-culturales. La vuelta, el giro, el retorno a casa, a lo propio. El nacionalismo étnico es la salida para todos y cada uno de los pueblos del planeta.

El nacionalismo étnico europeo no puede ser sino el nacional socialismo arya, el germano. Esto es lo que debemos recuperar. Contra todo obstáculo. Ahora lo que se requiere es un nacionalismo arya a escala europea—siguiendo el modelo germano ya llevado a la práctica.

Ojala tuviéramos más difusión. Es una gran revolución arya lo que necesitamos, aquí, en Europa Aryana, en la tierra de origen de los pueblos aryas.

* * *

Llevo algún tiempo leyendo literatura puramente nazi desde los años veinte hasta el 45: hasta la creación de los Werewolf (Naumann); hasta el obituario de Hitler. He encontrado mucho material en—:

http://www.calvin.edu/academic/cas/gpa/

—página que recomiendo a todos (nosotros). Son sumamente interesantes los textos que van desde los primeros años veinte hasta el 33, que alcanzan el poder. Son los años de lucha. Hay que leerlos en sus propios textos, en sus propias circunstancias; en su propio contexto adverso. Cuantos obstáculos, cuantos impedimentos y cuanta voluntad; cuanta entereza, cuanta paciencia, cuanta resistencia, cuanta lucha, cuanta nobleza… Son un modelo para los actuales. Apenas si podemos añadir nada.

También tenemos el sexenio del 33 al 39, ya en el ejercicio del poder—antes de la guerra—, y el que transcurre desde el 39 al 45—los años de guerra. Son tres fases en su historia y en su cultura. Un ascenso, un clímax, y un descenso, una caída. En cada período se produce una “cultura” (escritura, literatura, arte, posters y demás); una retórica podríamos decir, acorde con el tiempo, con el momento.

Hay mucho que aprender ahí. Mucho. Las problemáticas son muy parecidas a las actuales. A la población judía (hoy muy camuflada en Europa, aunque no menos operativa que entonces) hay que añadir las poblaciones asiáticas y africanas (la mayoría musulmanas); las amerindias, las chinas… Podemos decir incluso que los momentos actuales son muchísimo más graves que los que ellos vivieron. Más acuciantes. Menos esperanzadores. Y no nos olvidemos que nosotros tenemos detrás los juicios de Núremberg y la represiva normativa anti-nazi que desde entonces padecemos (en los media, en las calles, en los juzgados).

Es el nazismo puro y crudo el que tiene que renacer. Nada de neonazis o de nacionalistas blancos o similares. El nazismo, sin más. El nacionalismo arya excluyente, nada de internacionalista o universalista. Nada de extranjeros en nuestros gobiernos, en nuestra economía, en nuestra prensa, en nuestra cultura, en nuestras tierras. ¡Fuera estos aliens de esta tierra sagrada nuestra! Simplemente.

Actualmente estamos de nuevo en la fase de ascensión (también el partido estuvo un tiempo prohibido, e incluso a Hitler se le prohibió hablar públicamente). Ahora la literatura ha de ser proselitista, de propaganda. Tenemos que convencer a nuestros semejantes de la terrible situación étnica, cultural y territorial en la que nos encontramos. Y mostrarles la salida. El nacionalismo arya es la solución, la salida. Nuestra única salida.


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Léase el artículo completo: aquí.

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Published in: on septiembre 9, 2014 at 1:21 pm  Dejar un comentario  
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