El libro que escribo – V

El siguiente es un texto adaptado de algunos pasajes del libro autobiográfico que me hallo escribiendo:

LibroEl mestizaje en el continente inició incluso antes de la Conquista. La figura de Gonzalo Guerrero (1470-1536) debe tenerse en cuenta. Este español se asentó en la cultura indígena y murió luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Antes de esa lucha, en una incursión española por la zona, Guerrero no quería que lo vieran sus antiguos compañeros porque se había deformado la cara a la usanza maya. Se le atribuyen estas palabras: “Hermano Aguilar: yo soy casado [con una indígena] y tengo tres hijos, y tiénenme de cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. Qué dirán de mí estos españoles desde que me vean ir de esta manera. E ya ves éstos mis hijitos cuán bonitos son”. Así, Guerrero llegó a ser conocido como El Renegado por sus compatriotas pero aquí en Méjico algunos lo llamaron Padre del Mestizaje.

Guerrero podrá ser una figura contradictoria, pero el siguiente pasaje de la Breve historia de Vasconcelos retrata el ethos de una ave en vías de extinción en Méjico, la del mejicano hispanófilo:

En suma, es tiempo de proclamar, sin reservas, que tanto la azteca como las civilizaciones que la precedieron formaban un conjunto de casos abortados de humanidad. Ni los medios técnicos de que disponían, ni la moral en uso, ni las ideas, podían haberlas levantado jamás, por sí solas.

El único medio de salvar pueblos así decaídos es el que emplearon los españoles, el mestizaje legalizado por la Bula Papal que autorizó los matrimonios de españoles y nativos. Y con el mestizaje, la sustitución total del alma vieja por un alma nueva, mediante el milagro del cristianismo. El hecho de que tenemos en México tantos millones de indios no debe apesadumbrarnos, siempre y cuando la tendencia castiza subsista, o sea el empeño de hacer del indio un europeo por el alma, un cristiano, y no un pagano con paganismo de salvajes. Al contrario, el indianismo que pretenden retrotraer del pasado, devolvernos a lo indio, es una traición a la patria que, ya desde la Colonia, dejó de ser india.

Por eso siempre hemos hablado de incorporar el indio a la civilización, es decir, al cristianismo y a la hispanidad. ¡Y a fin de que todos nuestros hijos unidos disfruten de un México totalmente regenerado de su aztequismo; incluso, se entiende, los indios y los hijos de los indios!

Vasconcelos erraba. Físicamente no es posible volver al Otro en uno mismo (recuérdese mi analogía: la anécdota de Héctor sobre los millares que cantaban el Himno Nacional). Si bien el matrimonio de una india con un ibero producía una estirpe mejor que el de la india pura con un indio puro, toda mezcla para los iberos fue degenerativa. Vasconcelos, claro está, partía de su propio sistema de apego afectivo hacia su casta y entorno; no llegó a horadar su alma al grado que lo hice. He aquí una visión más certera sobre lo ocurrido en el continente americano al sur del Río Bravo:

Todo cruzamiento de dos seres cualitativamente desiguales da un producto de término medio entre el valor cualitativo de los padres; es decir, que la cría estará en nivel superior con respecto a aquel elemento de los padres que racialmente es inferior, pero no será de igual valor cualitativo que el elemento racialmente superior de ellos…

Si, por una parte, la Naturaleza desea poco la asociación individual de los más débiles con los más fuertes, menos todavía la fusión de una raza superior con una inferior. Eso se traduciría en un golpe casi mortal dirigido contra todo su trabajo ulterior de perfeccionamiento, ejecutado tal vez a través de centenas de milenios…

También la historia humana ofrece innumerables ejemplos de este orden, ya que demuestra con asombrosa claridad que toda mezcla de sangre aria con la de pueblos inferiores tuvo por resultado la ruina de la raza de cultura superior. La América del Norte, cuya población se compone en su mayor parte de elementos germanos, que se mezclaron sólo en mínima escala con los pueblos de color, racialmente inferiores, representa un mundo étnico y una civilización diferente de lo que son los pueblos—de la América Central y la del Sur, países en los cuales los emigrantes, principalmente de origen latino, se mezclaron en gran escala con los elementos aborígenes. Este solo ejemplo permite claramente dar cuenta del efecto producido por la mezcla de razas. El elemento germano de la América del Norte, que racialmente conservó su pureza, se ha convertido en el señor del continente americano y mantendrá esa posición mientras no caiga en la ignominia de mezclar su sangre…

La mezcla de sangre y, por consiguiente, la decadencia racial son las únicas causas de la desaparición de viejas culturas: pues los pueblos no mueren como consecuencia de guerras perdidas, sino debido a la anulación de aquella fuerza de resistencia que sólo es propia de la sangre incontaminada. Todo lo que en el mundo no es buena raza, es cizaña.

La traducción al castellano de Mi lucha de la cita de arriba es la que algunos consideran la más fidedigna, la de Miguel Serrano que edita la Casa Editorial Solar.

El problema con los escritores hispanohablantes no son los quijotes bien intencionados como Vasconcelos, quien sólo quiso auxiliar su autoestima idealizando a su grupo étnico. El problema son los que siembran cizaña como Octavio Paz, quien no sólo compartió la peregrina idea de que la raza mestiza era igual a la aria sino que, por envidioso, en un momento deseó que se exterminara esta última.

Me explico. En 1995 vi un programa televisivo en que Ted Koppel entrevistaba a algunos ganadores del Premio Nobel de literatura, incluyendo Octavio Paz. Cuando Paz le dijo a Koppel que los anglosajones debían mestizarse como lo habían hecho los españoles en Méjico, algo en mis adentros se rebeló hondo. Sabía que esas palabras representaban algo erróneo, y que Paz había sido insolente al airarlas en televisión. Pero en ese entonces la corrección política me tenía en su poder. No obstante, los sentimientos en contra de Paz, a quien admiraba, quedaron grabados en mi memoria: tanto así que recuerdo mi repulsa ante sus palabras como si hubiera sido ayer. Actualmente no sólo veo erróneos los pronunciamientos de los ganadores del Premio Nóbel en la entrevista de Koppel: veo a esos Nobel como imbéciles.

Leamos una fracción de esa entrevista que, años después de ocurrida, tradujera y publicara la revista de Krauze. Derek Walcott dijo: “Ahora se enfrentan ustedes [los estadounidenses] a la creación de un nuevo tipo de cuerpo político, casi diría un nuevo tipo de civilización: multicultural y multirracial. De alguna manera esto contradice los orígenes del país…” A Walcott, quien no es blanco, parecía no molestarle tal reemplazo de población. Paz, que sí lo parece, comentó:

Debe encontrarse una solución nueva a este problema de la multiplicidad de culturas y razas y comunidades que hay aquí. Tal es la pertinencia de este debate. Difiere mucho de los de México. Mi país también fue fundado con una idea universal, sólo que no fue la Reforma, el protestantismo, sino el catolicismo, la Contrarreforma. También fuimos universalistas y somos un país mestizo, cosa que ustedes aún no son [mi énfasis: justo lo que se me grabó al ver el programa]. Estoy bien seguro de que, si son prudentes, serán multiculturales. Sería una gran cosa.

Esto de “multiculturales” es eufemismo para referirse a lo que, en la cita de arriba, Hitler y los suyos llamaban la ignominia de mezclar la sangre. Cuando Paz dijo “cosa que ustedes aún no son” se refería a que los americanos aún no son mestizos, mulatos y pardos, por la enorme cantidad de negros en ese país. Lo peor del caso es que cuando Paz vivía siempre pareció un blanco mediterráneo, no un mestizo y mucho menos alguien con sangre negra.

Esta traición hacia el propio fenotipo me recuerda las palabras más importantes de la Breve historia de Vasconcelos, que en mi edición aparecen en la página 260: “El desprecio de la propia casta es el peor de los vicios del carácter”. De estar Vasconcelos en lo cierto, y creo que lo está, todos los escritores latinoamericanos que parecen criollos son gente viciosa.

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Published in: on mayo 7, 2015 at 9:03 pm  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Octavio Paz era uno de los escritores oficiales del sistema gobernante de mejico , era un tipo repugnante

    • Pero los que eso dicen son los de izquierda; el punto aquí es juzgarlo desde el punto de vista que, pareciendo caucásico, el tipo rotulaba al poeta Celine de “antisemita” y le valió madre con Koppel (como a nuestro amigo Alberto aquí en Méjico) que se extingan los rubios ojiazules del Norte.


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