Españoles acomplejados

Posdata a mi entrada antepasada

El autoengaño de los hispanohablantes que me corrieron de Stormfront es tan delirante que la semana pasada uno de éstos alegó:

En un enlace anterior que puse venían datos de la “no pureza” del español medio: menos de un 1% de sangre extra europea, incluso menos que el sueco medio. [enlace: aquí]

¡Así que los españoles son más arios—es decir más blancos o nórdicos—que los mismísimos suecos!

Robert_Kemm_GranadinosNo importa que, en ese mismo hilo de discusión, el citado comentarista eche rollo aparentemente erudito sobre los grupos étnicos que conquistaron la península ibérica. Aún si no me hubieran corrido por esos dos artículos de Evropa Soberana que enlacé, habría sido imposible mantener una discusión mínimamente racional con estos acomplejados.

En cierto modo, me da gusto no volver a tener que discutir con ellos: es grotesca pérdida de tiempo. La mentalidad que produjo la cita de arriba ilustra por qué, siendo yo fenotípicamente mediterráneo como ellos, prefiero discutir con los angloparlantes en mi blog en inglés: ellos no están acomplejados por el simple hecho que no tienen que autoengañarse.

Published in: on septiembre 29, 2015 at 11:08 am  Comments (8)  

Respuesta

Respecto a mi pregunta de la previa entrada—:

¿Hay algún escritor español o portugués de siglos pasados que haya dicho que el rezago de sus naciones, comparado con las naciones más arias, se debe a su mestizaje con no arios (mezcla iniciada por los visigodos desde el siglo VII)?

—otro comentador de Stormfront suministró información pertinente sobre lo que buscaba:

Pio-BarojaBaroja había bebido de las fuentes originales de donde parte toda la corriente nordicista: Gobineau, Vacher de Lapouge (creo recordar que cita a Lapouge en varios de sus relatos de ficción), Houston Stewart Chamberlain; y hacía suya la tesis según la cual la grandeza de España, que se apoyaba en los elementos arios y vascos del país había ido perdiendo, con el pasar de los siglos, presencia ante la contaminación progresiva de elementos semitas y medio-orientales, “mediterráneos”. Y abogaba abiertamente por fomentar el resurgir de los primeros y reprimir los segundos, como paso previo para el renacer de su país…

En Ortega y Gasset, quizás por haber estudiado en Alemania, se pueden leer cosas en la línea de lo que buscas en España invertebrada, desde un punto de vista filosófico.

Desde un aspecto clínico, puedes investigar a los doctores Misel Bañuelos (Antropología de los españoles) y Vallejo-Nájera (Eugenesia de la hispanidad). Ambos estudiaron en Alemania en los años 30, claro. Pero después de la guerra, todos estos temas fueron declarados “verboten”, así que cayeron en el olvido.

Sería interesante hacer con los instrumentos científicos del siglo XXI un estudio serio y en profundidad de la huella genética norteafricana y medio-oriental en la Península Ibérica.

Así que los hispanohablantes que tengan, como yo, las 14 Palabras como religión personal, deben leer a Pío Baroja y a estos otros autores.

Published in: on septiembre 9, 2015 at 11:25 am  Dejar un comentario  

Respuesta parcial

Carlos Octavio Bunge Arteaga II

Un comentador de Stormfront respondió a mi pregunta en rojo de mi previa entrada.

Los textos de un escritor argentino, Carlos Octavio Bunge (1875-1918, foto), nos dice un artículo de Wikipedia, contienen el mensaje de que “el mestizaje era en Hispanoamérica el principal problema, el gran freno a la evolución que tenían los pueblos de la región. Sólo corrigiendo eugénicamente esas asimilaciones inadecuadas, nuestra América podía evolucionar y llegar a colocar a sus pueblos en relación a los europeos y a los yanquis”. Habría que echarle un vistazo a la obra de Bunge para ver qué tanto permea, en su obra, la afirmación de arriba.


Posdata del 23 de febrero de 2016

¡Vaya, vaya! Qué sorpresa.

He estado hojeando el libro principal de Bunge (PDF: aquí) y me topo con que, si bien es cierto que en una larga introducción el editor reconoció que Bunge señala a la mezcla racial como la causa del rezago “hispano” frente a la América anglosajona, idealizó la potencialidad real de Sudamérica. El caso es que, desde el mismo prólogo, Bunge escribió:

No sé si antropológicamente soy europeo puro; pero, en el orden psicológico, me siento tan hispanoamericano como el mestizo azteca o guaraní o mulato. Me he asimilado a ellos. Soy uno de ellos. Y de serlo me enorgullezco, esperando que, una vez corregidos los defectos esbozados en este libro, seremos los hispanoamericanos, en relación a los europeos y a los yanquis, no iguales, sino mejores. [págs. 42-43]

Estas palabras, escritas la previa década a que Vasconcelos publicara su Raza cósmica, no pueden contrastar más con lo planteado en mi libro La muerte de papá.

Published in: on agosto 26, 2015 at 11:15 am  Comments (7)  

Mi pregunta en rojo

En un blog chileno Francisco Albanese contestó lo que pregunté en mis recientes artículos:

Efectivamente, desde la academia nunca ha existido—o lo ignoro por completo—una adjudicación al factor racial… como causa principal del subdesarrollo en América (excluyendo Estados Unidos y Canadá). Sin embargo, y contra toda corrección política, este bloqueo intencional por parte de la intelligentsia, que siempre atribuye el subdesarrollo a una cuestión relacionada con el capitalismo, la globalización, idiosincrasia y, en último caso, a la cultura, contrasta con la perspectiva del hombre común, al menos en Chile, de que “la raza es la mala”.

Desconocía esta sabia vox populi en el cono sur y le agradezco a Albanese su artículo.

De las dos preguntas que hice en las mencionadas entradas, la segunda es la que más me interesa, donde fui incluso más allá de lo sucedido en las Américas: “Hasta donde sé, ningún hispanohablante ha dicho las cosas en forma tan clara [como Pierce, Kemp y otros]: el mestizaje ha sido la calamidad de las civilizaciones que originalmente fueron arias, el mundo visigodo en la península ibérica incluido”. Y a renglón seguido anoté: “¿Me equivoco? ¿Ha habido alguien?”

Por lo que Albanese contestó colijo que al menos el pueblo chileno, no sus intelectuales, tiene algo de conciencia a nivel horizontal. Pero no es eso lo que quería saber, en tanto que es el conocimiento vertical el creador o destructor de paradigmas. Si uno toma la manera tan franca de decir las cosas de un Rockwell, por ejemplo (véase mi entrada de hace un mes en este blog), lo que trato de indagar es si ha habido un hispanohablante que haya escrito de forma tan desinhibida como ese norteamericano.

Lo que se ha publicado doctamente en inglés y en alemán puedo decirlo con mis propias palabras: La América “latina” está chingada debido al mestizaje perpetrado por los europeos ibéricos en previos siglos, quienes se chingaron a las indias e incluso a algunas negras y mulatas. (Confiérase El laberinto de la soledad de Octavio Paz para entender el aztequismo “La Chingada”.)

Ahora bien, Albanese dice que no ha habido en la academia nadie, que él sepa, que haya escrito sobre ello, aunque sea en términos más educados. Ni escritores al parecer. ¿Significa eso que la gran verdad sobre Latinoamérica, lo que puse en negrillas arriba, no ha dejado registro en prensa escrita ni por un solo hispanohablante?

Published in: on agosto 15, 2015 at 1:32 pm  Comments (2)  

Norte y Sudamérica

Abajo cito un pasaje de un artículo de Evropa Soberana:

 
europa-soberanaHay que recordar también que los colonos anglogermanos llevaron al cabo una agresiva política de limpieza étnica para con los indígenas norteamericanos, de tal forma que casi los extinguieron.

El sentido de la exclusividad racial de los protestantes era tan acentuado que durante años hasta rechazaron jóvenes indias ofrecidas por los jefes locales para estrechar relaciones, a pesar de que en las primeras colonias inglesas apenas había mujeres. Para cuando se dio el “novedoso” caso Pocahontas, los españoles llevaban un siglo mezclándose con la población indígena con bastante liberalidad. De haber sido conquistada por otras potencias, Iberoamérica sería una esfera mucho menos indígena y mestiza de lo que lo es hoy.

Published in: on agosto 9, 2015 at 10:53 am  Comments (7)  

No todos son blancos

Había publicado un “reblog” a Qbitacora.

Lo acabo de borrar. El admin es “meditarreanista” de hueso colorado mientras que, aunque físicamente me parezco a ellos, soy “nordicista”. Véase por ejemplo este comentario en otro hilo de discusión de ese mismo sitio, “Qbitacora”.

Robert_Kemm_GranadinosYo no creo que la mayoría de los españoles sean blancos puros (y no hablemos de los portugueses). A diferencia de lo que le respondieron al comentarista honesto enlazado arriba (le borraron sus otros comentarios), los griegos y romanos originales parecían nórdicos, como se demuestra contundentemente en este sitio (pulsar: aquí y aquí).

Mi compilación en inglés The fair race’s darkest hour contiene la mejor refutación al anti-nordicismo bajo una cubierta. Escribiré en castellano sobre cómo los complejos obnubilan nuestro intelecto cuando la vida me lo permita.

Published in: on mayo 26, 2014 at 10:30 am  Dejar un comentario  

España y su literatura

libro de cholitaEn mi blog en inglés, The West’s Darkest Hour, subí cinco entradas sobre literatura española, siempre haciendo referencia al libro de texto de mi maestra, Soledad Anaya Solórzano (1895-1978). Recuerdo con cariño que le llamábamos “Señorita Anaya” en el primer lustro de los años setenta. Ahora simplemente la llamaré por su apellido o como la gente que la tenía en alta estima le llamaba.

En una reunión del año pasado aquí en la Ciudad de Méjico, a la que asistieron algunos nacionalistas criollos, Alberto me preguntó de qué estructura nacional podríamos agarrarnos quienes creemos en la raza caucásica en este país. Le respondí que no hay nada de donde agarrarse y quisiera explicar por qué.

Ni España ni Nueva España han tenido una adecuada conciencia racial, al menos no después de que los godos ibéricos comenzaran a mezclar su sangre con no arios. La España franquista pudo haber sido fascista pero, a diferencia de los alemanes, el racialismo no se encontraba en su agenda. En el caso de Nueva España mis relecturas del libro de Anaya me mostraron algo similar.

En las páginas 28-31 se relata la fascinante historia del rey Rodrigo y la pérdida de España en el siglo VIII. (Tómese en cuenta que a esas alturas la pasión visigoda por mantener limpia su sangre ya había sido mermada con tres siglos de cristiandad.) El primer shock que recibí al leerlo es que en esta leyenda no se culpa a los judíos de haber abierto las puertas a la invasión musulmana ¡sino a una venganza entre blancos ibéricos! Algo similar cuenta Anaya en las páginas 40-47, otra gema semilegendaria de las primeras letras españolas. De hecho, otra venganza entre blancos ibéricos que resultó en la decapitación de siete muchachos blancos por orden de un moro. El final “feliz” llega cuando un mestizo entre blanco y moro, hermanastro de los decapitados, se venga no contra el moro, sino contra el cristiano que presumiblemente causó todo el desmán.

Más perturbador fue releer en la página 65 de Literatura Española que Anaya escribiera de El Cid como “el que es terror de moros y cristianos”. (En la historia real, independientemente del Cantar del Mío Cid, ¡Rodrigo Díaz de Vivar había guerreado bajo las órdenes de unos jefes moros en Zaragoza después de haber caído de gracia ante el rey castellano Alfonso VI!)

El capítulo sobre La Celestina es el más largo en el libro de Anaya, quien nos explicó en clase las razones de su longitud: quería más bien que omitiéramos esa lectura y nos volcáramos en la inmortal novela de Cervantes. No deseo comentar mucho sobre La Celestina salvo enlazar lo que dije en este comentario en mi entrada en inglés sobre tan influyente libro, que por cierto leí este mes.

Lo que Anaya dice de los frailes misioneros en América a partir de la página 314 corrobora lo que he escrito sobre el “problema cristiano”, al cual considero más grave para preservar a la raza blanca que el problema judío. Esas páginas también muestran que el estúpido ídolo de mi padre, Bartolomé de Las Casas (acaso hijo de conversos), se movió en aguas antiblancas y antioccidentales y estamos hablando de aguas movidas por cristianos y blancos ibéricos. (En mi radical opinión, toda meta-ética al sur del Río Bravo contraria a lo que los gringos hicieron con los pieles rojas es “antiblanca”, especialmente la piedad cristiana de los frailes hacia los indígenas.) Ya desde la página 287 del libro de Cholita, como le decíamos tres compañeros de escuela a Anaya, se muestra que la criolla Sor Juana, tan idealizada por Octavio Paz y tanto mejicano, ¡se ponía de parte de los zambos, los indios y los negros de Nueva España!

Al llegar a la página 382 vemos cómo se desarrollaron las letras hispanas modernas a partir de la lírica medieval. El caso es que el teatro español de la época de oro—Lope, Tirso, Alarcón, de la Barca—no habla de raza o épica lucha contra los moros. Más bien, se comenzó a llevar a la “pantalla” de aquel entonces a cuentos medievales como el de los Siete Infantes de Lara, los decapitados mencionados arriba: cuento de “honor” que termina con un híbrido entre blanco y moro en el poder. Es fundamental mencionarlo porque muestra que, después de que la conciencia étnica de los visigodos fue apagada debido al cristianismo que se impuso en el siglo V en la península, no ha habido sustancial conciencia racial entre los españoles y portugueses. Por eso digo que no hay nada de qué agarrarse.

Pensemos en la obra de teatro La estrella de Sevilla por ejemplo, que algunos atribuyen a Lope. Malo está cuando una obra termina con la “estrella” de la trama, una auténtica ninfa aria, entrando a un convento en lugar de reproducirse. Los judíos jamás tendrían monasterios para sus mujeres. Recuérdese que Kevin MacDonald afirma que los blancos tienen más tendencia al idealismo moralizante que otros (un quijotesco sentido del honor a mi modo de ver; de hecho “España es Quijote” según varios comentadores españoles de la obra).

En las página 428 y siguientes me sorprendió ver que en la Nueva España del siglo XVIII había indigenismo entre los jesuitas (en los que posteriormente se inspiraría Hidalgo). Estos eran humanistas del siglo anterior a la gran traición antiespañola de la que habla Vasconcelos en su Breve historia (que he citado en este blog). Al leer a esta gente resulta obvio que había algo inicuo en los criollos incluso en tiempos en que Nueva España era judenfrei, libre de judíos.

Igualmente aberrante fue enterarme en la página 463 del libro de Cholita que “mestizos y criollos”, esto es, apiñonados y blancos, leían la literatura que produciría la independencia. En 1821 Francisco Manuel Sánchez de Tagle por ejemplo, en su surrealista acta de la independencia habla de “La Nueva Nación Mexicana, que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia ni libre el uso de la voz, sale de la opresión en que ha vivido” (página 473). ¡Como si el Méjico independiente fuera la restauración del imperio azteca pero ahora un imperio azteca para indios, mestizos y criollos!

Naturalmente, toda esta locura antiblanca que se elaboraba por los mismos criollos no podía terminar sino en figuras como Manuel Altamirano, indio puro y partidario de Juárez cuyas cenizas fueron trasladadas a la Rotonda de los Hombres Ilustres después de haber muerto en Italia, como cuenta Cholita en la página 511. (Anaya por cierto no era racista como yo y aquellos que platicamos en la reunión mencionada al inicio de esta entrada.)

La página 513 me hizo pensar que el idiota de Justo Sierra ignoraba que es imposible “educar” a los nacos para que éstos lleguen a niveles europeos de cultura en tanto que su coeficiente intelectual yace muy debajo del nuestro. (La nieta de Sierra, Cristina Barros, quien fuera directora del Colegio Madrid donde yo estudiaría después de graduarme de la escuela de Cholita, ignoró este dato fundamental a lo largo de toda su carrera como pedagoga.)

En la página 552 de Literatura Española me llamó la atención la línea “Hidalgo predicando el exterminio” de los españoles en Méjico, salida de la pluma de Salvador Díaz Mirón. Y en la página 562 y siguientes releí un texto en que Rubén Darío contrasta los nacos de su tierra con “una muchacha blanca” comiendo uvas.

“Y sobre aquel fondo de hollín y carbón, sus hombros delicados y tersos que estaban desnudos, hacían resaltar su bello color de lis, con un casi impenetrable tono dorado”.

Clark sobre España

Civ

La gran verdad sobre España aparece en el prefacio al libro que resultó de la serie televisiva Civilización de 1969 presentada por Kenneth Clark: una serie preferible a El ascenso del hombre de Jacob Bronowski y a Cosmos de Carl Sagan en tanto que estos últimos eran judíos. Clark escribió (mi traducción):

Algunas de las omisiones más ofensivas se debieron al título del libro [Civilización]. Si hubiera hablado de la historia del arte, no habría sido posible dejar a España de lado. Pero cuando uno pregunta qué ha hecho España para agrandar la mente humana y atraer a la humanidad unos pocos pasos hacia la cima, la respuesta no es clara. ¿Don Quijote, los grandes santos, los jesuitas de América? Aparte de eso España simplemente ha sido España, y como quise que cada programa estuviera dedicado a un nuevo paso en el desarrollo de la mente europea, no podía salirme de tema y hablar de un solo país. [pág. xvii del original en inglés publicado por Harper & Row]

Y el caso de Latinoamérica se empeora infinitamente por el profundo mestizaje que degradó el genotipo, y por ende el fenotipo de una cultura que, en Europa, ya era de segunda por la mezcla genética con moros y judíos—y mucho antes aún, desde las migraciones de semitas cartaginenses a la península en tiempos pre-cristianos.

Published in: on abril 2, 2012 at 2:40 pm  Comments (1)  

La Guerra Civil Española (Parte 2)

por Jonas de Geer

La guerra civil comenzó el 18 de julio de 1936. El levantamiento de Marruecos había sido traicionado en el último minuto. Los rebeldes perdieron, por tanto, el elemento de sorpresa con el que habían estado contando. La radio controlada por el gobierno informó que la rebelión se limitaba a Marruecos y pronto fue aplastada. En realidad, varias ciudades importantes, Sevilla, Córdoba, Cádiz en el sur, Valladolid, Zaragoza y el bastión carlista de Navarra en el norte fueron pronto asegurados por los rebeldes. Durante la primera fase de la guerra, sin embargo, la mayor parte del país se mantuvo bajo control republicano.

En Madrid y Barcelona las milicias anarquistas, socialistas y comunistas llevaron un reino sin ley, de terror. El general López Ochoa, aunque él mismo era republicano y masón, junto a Franco había rechazado la Revolución de Asturias dos años antes. Fue decapitado en la cama de su hospital el 19 de agosto. Su cabeza cortada fue exhibida luego en las calles de Madrid por una sanguinaria mafia roja en una de las muchas escenas que recuerdan la Revolución Francesa.

Oponentes políticos, reales o imaginarios, y sus familias —de hecho, cualquier persona percibida como “clase enemiga”—eran presa fácil de la chusma roja. La tortura, la violación y las ejecuciones, a menudo frente a miembros de la familia, no eran infrecuentes.

Como siempre, el odio revolucionario fue dirigido principalmente contra la Iglesia. Lo que ocurrió en la España roja durante los primeros seis meses de la guerra civil fue una de las peores persecuciones religiosas en los tiempos modernos. Trece obispos y más de 7,000 sacerdotes, monjes y monjas fueron asesinados, en muchos casos después de haber sido cruelmente torturados. El número exacto de católicos laicos, hombres y mujeres que fueron martirizados por su fe es difícil de estimar.

Con el fin de ayudar a los rojos españoles en su campaña de terror, Moscú envió a algunos de sus mejores, encabezados por el general Alexander Orlov de la NKVD: la policía secreta soviética. Su verdadero nombre era Leiba Lazarevich Feldbin, pero al igual que muchos otros bolcheviques judíos prominentes, lo había cambiado por un nombre ruso. En agosto, Moscowalso envió un nuevo embajador, Marcel (Moisés en realidad) Rosenberg, a Madrid. El político que conducía el campo republicano ya no era el masón y liberal Manuel Azaña, sino el masón y socialista radical Largo Caballero, quien se consideraba el “Lenin” español. Sin embargo, era Rosenberg, y en última instancia Stalin, quien ahora tenía manos del poder real en la España republicana.

Aquellos que todavía se aferran a la mentira de que el bando republicano era “democrático” harían bien en tener en cuenta qué fue de la reserva de oro española. El 14 de septiembre de 1936, sólo dos meses después del estallido de la guerra, fue enviado desde Cartagena a Moscú (una parte más pequeña fue trasladada desde Francia) por orden de las autoridades republicanas. Por supuesto, el oro nunca regresó. Sin embargo, los propagandistas de izquierda de hoy siguen mostrando a los rojos republicanos como no adecuadamente equipados y mal financiadas en comparación con los nacionalistas. La verdad es que no sólo los republicanos regalaron el oro de su país a su maestro en Moscú, sino que durante la mayor parte de la guerra tenían controlada la industria principal de España. También tuvieron el apoyo de los medios de comunicación de todo el mundo, los cuales mostraban una fuerte tendencia contra todo lo que representaba la España tradicional.

La Guerra Civil Española se describe a menudo como una “guerra civil internacional” o como un “ensayo final de la Segunda Guerra Mundial”. Los nacionalistas recibieron el apoyo militar de la Italia de Mussolini y de la Alemania de Hitler, mientras que los rojos fueron apoyados por la Unión Soviética y, más discretamente, por Francia: la cual estaba siendo gobernada por un primer ministro socialista y comunista, el judío Léon Blum. Una mentira típica de la propaganda sigue siendo un refrito de los libros de historia y de documentales televisivos de que el apoyo alemán e italiano para los nacionalistas era mucho más significativo que el que los soviéticos le dieron a los Rojos. El hecho es que el apoyo militar de los dos poderes combinados casi igualó el apoyo de los comunistas de la República.

La Internacional Comunista o Comintern abrió oficinas de reclutamiento en todo el mundo. Entre 30,000 y 35,000 voluntarios, en su mayoría comunistas, se alistaron con las Brigadas Internacionales, algo alabado por Hollywood.

No es mi intención
traducir el resto del capítulo original
el cual puede leerse: aquí
pero sí recoger las palabras finales:

¿No había brutalidad y atrocidades cometidas por ambos bandos? Sí, sin lugar a dudas. Por ejemplo, nadie defiende a la ejecución de liberales como el poeta Federico García Lorca por un nacionalista. Sin embargo, no hay duda de que el lado republicano inició el Terror y que fue, en general, más brutal, cruel e ilegal que el lado nacionalista. Y lo más importante: no era este un conflicto entre “fascismo” y “democracia”, sino entre la civilización cristiana y el comunismo. La única alternativa posible a la dictadura relativamente suave de Franco habría sido un estado Ibérico a la Soviética. Las consecuencias geopolíticas de este escenario habrían sido terribles.

Desde esta perspectiva, tenemos razones para estar agradecidos a los hombres y mujeres que lucharon en la cruzada española contra el comunismo. ¡Y ganaron!

Published in: on febrero 17, 2012 at 8:17 pm  Comments (1)  

Las histerias de una mujer de izquierda

He mudado estas entradas a mi sitio Ex Libris: aquí.

Published in: on febrero 14, 2012 at 2:34 pm  Dejar un comentario