“Racismo”

A finales de 2015 dije que ya no iba a subir ensayos aquí a menos de que sucediera algo espectacular en el mundo.

Sucedió: Donald Trump, quien luchó como candidato con un par de buenas ideas—el muro y prohibir la entrada de moros—llegó a la presidencia. Pero lo realmente espectacular fue que el Sistema domó a Trump, al grado de que su reciente traición decepcionó a los nacionalistas blancos.

Ayer le di un vistazo a mi biblioteca personal y saqué del estante que vemos en esta foto uno mis libros favoritos. Era favorito en el pasado cuando, a mediados de los años setenta, quería estudiar la carrera de filosofía. Me refiero a uno de los diccionarios filosóficos más populares en lengua española: el del filósofo italiano Nicola Abbagnano.

Ahora, más de 40 años después, he despertado después de dormir décadas en una época que me ocultó cuestiones fundamentales (véase mi sitio principal). Así, ya despierto se me ocurrió ver qué decía El diccionario de filosofía de Abbagnano sobre el nacional socialismo.

No había artículo sobre ello. Entonces busqué la palabra “racismo”.

¡Sorpresa! ¡Después de un buen párrafo introductorio Abbagnano escribió las mayores falsedades propagandísticas que uno pueda imaginar!

No debemos olvidar que Abbagnano terminó de escribir su diccionario en 1960, cuando Occidente no sabía nada del Tercer Reich salvo la propaganda de los aliados. Por lo mismo, no es de extrañar que un profesor italiano tuviera que plegarse a esa narrativa. Pero quisiera concretarme al artículo que me impresionó:

Racismo (ingl. racialism; franc. racisme; alem. Rassismus; ital. razzismo). La doctrina según la cual todas las manifestaciones histórico-sociales del hombre y sus valores (o disvalores) dependen de la raza, y que enuncia la existencia de una raza superior (“aria” o “nórdica”) destinada a ser guía del género humano. El fundador de esta doctrina fue el francés Gobineau en su Essai sur l’inégalité des races humaines (1853-1855), dirigido a defender a la aristocracia frente a la democracia.

Salvo esta cuestión de ser guía de la humanidad, el párrafo inicial del diccionario de Abbagnano es certero. Por cierto, el libro de Gobineau es uno de los que se encuentra en mi biblioteca. Veamos qué dice a continuación:

Hacia principios del siglo XX un inglés germanófilo, Houston Stewart Chamberlain, difundió el mito del arianismo en Alemania (Die Grundlagen des XIX Jahrhunderts [“Las bases del siglo XIX”, 1899), identificando la raza superior con la germana.

Aquí comienzan los problemas, pues eso no es un mito. No es ninguna coincidencia que, hasta muy recientemente, los arios hayan dominado la cultura, la ciencia, tecnología y el mundo político.

El antisemitismo databa de antiguo en Alemania y, por lo tanto, la doctrina del determinismo racial y de la raza superior encontró allí fácil difusión, resolviéndose en el apoyo al prejuicio antisemita y en la creencia de que existe una conjura judía para la conquista del dominio mundial y que, por lo tanto, el capitalismo, el marxismo y, en general, las manifestaciones culturales o políticas que debilitan el orden nacional son fenómenos judíos.

Aquí ya llueven las trampas. Abbagnano escribe como si el problema judío fuera alucinatorio: un prejuicio de los alemanes.

La mejor manera de contestarle al difunto Abbagnano es simplemente decir que no es alucinatorio. Cuando Abbagnano estaba en sus mejores días los judíos estuvieron sobrerrepresentados no sólo entre los verdugos voluntarios de Stalin, sino que fueron judías las asociaciones civiles que cabildearon para abrir la migración masiva de no blancos a los Estados Unidos.

Aquellos que duden de la veracidad de estas afirmaciones deben leer dos libros que lo documentan, uno de un gentil y el otro de un judío: The culture of critique de Kevin MacDonald y Essau’s tears de Albert Lindemann. O Abbagnano era ignorante de estas realidades o las ocultó a sus lectores.

Después de la primera Guerra Mundial, el R. fue para los alemanes el mito de consuelo, la evasión de la depresión de la derrota y Hitler hizo de él el fundamento de su política.

Abbagnano era un erudito. Parece difícil que no supiera unas cuantas cosas de historia occidental. El párrafo de arriba implica que el racismo era un mito alemán del siglo XX.

La verdad es que el racismo tiene milenios: desde los arios que invadieron la India y elaboraron una religión brahmánica para no contaminar su sangre; desde los antiguos egipcios que ponían letreros de que a partir de cierta latitud no se admitían negros en sus tierras; desde los rubios espartanos y tebanos en la Grecia antigua que tenían reglas muy estrictas para no mezclarse con extranjeros, hasta los visigodos que quemaban en al estaca al godo que se casara con algún sangre sucia de la antigua Hispania. Incluso, antes de la decadente Roma imperial, la Roma republicana solía practicar una endogamia patricia para evitar mezclase con los de abajo; siendo los patricios más arios que los plebeyos y no hablemos de los esclavos.

El racismo no fue un invento de Hitler. Lo único que hicieron los alemanes del siglo en que Abbagnano y yo nacimos fue proporcionarle al racismo las bases científicas, y el ímpetu político, que tan sano instinto necesitaba.

La doctrina fue elaborada por Alfred Rosenberg en el Mito del siglo XX (1930). Rosenberg afirmó un riguroso determinismo racial. Toda manifestación cultural de un pueblo depende de su raza. La ciencia, la moral, la religión y los valores que ellas descubren y defienden dependen de la raza y son las expresiones de la fuerza vital de ella. Por lo tanto, también la verdad es siempre tal, sólo para una raza determinada. La raza superior es la aria, que desde el norte se difundió en la Antigüedad por Egipto, India, Persia, Grecia y Roma y produjo las antiguas civilizaciones, civilizaciones que decayeron porque los arios se mezclaron con razas inferiores. Todas las ciencias, las artes, las instituciones fundamentales de la vida humana han sido creadas por esta raza. Frente a ella está la antirraza parásita judía, que ha creado los venenos de la raza: la democracia, el marxismo, el capitalismo, el intelectualismo artístico y también los ideales de amor, de humildad, de igualdad difundidos por el cristianismo, que representa una corrupción romano-judaica de la enseñanza del ario Jesús.

Como he leído poco a Rosenberg ignoro si Abbagnano está representando correctamente lo que Rosenberg habrá escrito sobre “el ario Jesús”. A quienes he leído detenidamente es a Hitler y a Himmler, y se ve claro que tanto en las pláticas de mesa del primero, como en conferencias del segundo, la visión nacional socialista es más compleja y matizada que el bosquejo que Abbagnano hace en el párrafo de arriba.

Lo más interesante de los textos nazis son las publicadas pláticas de sobremesa de Hitler en tanto que sorprende que, entre el grupo selecto de amigos que comía en su mesa, el Führer criticaba más al cristianismo que al judaísmo.

Publicado en 1961, la reimpresión que poseo del Diccionario de Abbagnano es de 1987 (mi copia original de mediados de los setenta se la quedó un amigo). No vale la pena citar su artículo entero, “Racismo” (páginas 977s en la edición del Fondo de Cultura Económica), pero debo señalar que es en la página 978 donde el diccionario se convierte en un disparatario.

El primer disparate de Abbagnano es su frase “No existe ninguna raza ‘aria’ o ‘nórdica’.” Cierto que, si uno quiere escribir con precisión, podría decir “grupo étnico” en vez de “raza”, y desde este ángulo los nórdicos como grupo étnico existen. La malevolencia en una aseveración como la de Abbagnano es similar a aquello de negar que las razas existan. El segundo disparate de Abbagnano merece ponerlo en sangría:

No existe prueba alguna de que la raza o las diferencias raciales influyan de un modo cualquiera en las manifestaciones culturales o en las posibilidades de desarrollo de la cultura en general. Tampoco existe prueba de que los grupos, en los cuales se puede distinguir el género humano, difieran en su capacidad innata de desarrollo intelectual y emocional. Por el contrario, los estudios históricos y sociológicos tienden a reforzar el punto de vista que sostiene que las diferencias genéticas son factores insignificantes en la determinación de las diferencias sociales y culturales entre diferentes grupos de hombres.

Me atrevo a decir que semejante párrafo invalida no sólo el artículo “Racismo” sino el diccionario entero. ¿Para qué sirve tanta ontología, tanta teoría del conocimiento, tanta metafísica y lógica de los filósofos académicos si éstos son incapaces de ver el mundo empírico? ¿Qué valor puede traernos las “ciencias” blandas como los estudios sociológicos que Abbagnano menciona (opiniones en realidad) frente a las ciencias duras?

Si hay algo que quedó claro desde Darwin y sus discípulos en la antropología física (la “antropología social” de Franz Boas es seudociencia) es la diferencia de capacidad craneal entre, digamos, los negros y los blancos. Además, existen pruebas psicométricas con negritos bebés adoptados en hogares de blancos adinerados. Este tipo de estudios no sólo muestran que el coeficiente intelectual es diferencial entre las razas, sino entre hombre y mujer. No hay grandes maestros de ajedrez negros por ejemplo; y a pesar de que en China entrenan a las chinitas pródigas a jugar al ajedrez desde pequeñas, aún así los torneos internacionales de ajedrez tienen que dividirse entre hombres y mujeres. Hay excepciones por supuesto: pero son excepciones que confirman la regla.

Si hay algo que la raciología, el estudio de las razas humanas, nos enseña es que las diferencias genéticas entre humanos son factores determinantes en las diferencias sociales (consúltense estos libros). La torre de marfil de filósofos como Abbagnano, que lo único que hacen es plegarse al paradigma en turno, debiera ser el hazmerreír de quien ha superado la corrección política.

Tampoco existe prueba alguna de que las mezclas de razas produzcan resultados desventajosos desde un punto de vista biológico. Es muy probable que no existan y que nunca hayan existido, a través del tiempo, razas “puras”. Los resultados sociales de las mezclas de razas tanto buenos como malos, pueden ser atribuidos a factores sociales.

Pasajes como ese me mueven a decir que lo que sucede en mentes de académicos como Abbagnano es peor que las discusiones bizantinas. Con declaraciones como las de arriba el célebre filósofo italiano parece estar disociando, adrede, la realidad. Cualquier italiano honesto puede percatarse que la gente mezclada de Sicilia con los turcos del sur pertenece a una cultura inferior que la de los más blancos italianos, al norte de la península.

Y no hablemos de cómo, por mezclar su sangre con indígenas y negritos cucurumbé, los iberos produjeron una estirpe inferior a su contraparte anglo-germana al norte del Río Bravo. ¿En qué rayos se basa Abbagnano para declarar que no hay pruebas históricas de que la mezcla produzca desventajas en la descendencia mestiza?

No es difícil hallar la respuesta. En el último párrafo de su ridículo artículo vemos que Abbagnano se suscribe, religiosamente, al universalismo suicida de Occidente: herencia del catolicismo universal de la iglesia de su país. Dejemos que Abbagnano, quien nació y murió en Italia, tenga la última palabra. En el caso del racismo, nos dice:

…se trata de un prejuicio extremadamente pernicioso, porque contradice y obstaculiza la tendencia moral de la humanidad hacia la integración universalista y porque convierte los valores humanos, comenzando por la verdad, en hechos arbitrarios que expresan la fuerza vital de la raza y así no tienen sustancia propia y pueden ser manipulados arbitrariamente con los fines más violentos o abyectos.

Salve Europa

por Manu Rodríguez

En las circunstancias actuales lo primero que hay que “salvar” es la tierra madre, Europa. Europa es nuestra casa, nuestro hogar ancestral; nuestra tierra sagrada. Son las poblaciones aryas europeas las que en primer lugar han de alcanzar el status de “naciones” o “Estados étnicos”.

El primer intento, como se sabe, fue frustrado—por quienes ya sabemos. En algún lugar en [los escritos de Kevin] MacDonald leí que la revolución blanca comenzaría en Europa. No sé en qué se basaría para augurar tal cosa. Hay sí, pequeños partidos nacionalistas aquí y allá, pero no hay conciencia étnica ni nacionalista en el sentido radical nazi. Juegan a la democracia, se solidarizan con Israel… Generalmente les une el anti-islamismo. Pero el islam es uno de los problemas que nos ha traído la normativa universalista que nos viene de la ONU, la UE o los organismos internacionales subordinados o adyacentes. Estamos obligados a ser Estados multiculturales, multirraciales, multiconfesionales e tutti quanti.

Romper con estas organizaciones supranacionales—que limitan la independencia y la soberanía de nuestras naciones—es lo primero. El internacionalismo en la economía, en la política, en el flujo poblacional está acabando con las naciones étnicas seculares, sobre todo en Europa. No son sólo los musulmanes asiáticos y africanos; seguimos teniendo judíos (en Francia, Hollande, el socialista, y Sarkozi, el conservador, son judíos—la izquierda y la derecha). La población china va en aumento, y también la población amerindia americana (apenas si hay emigración blanca de vuelta).

El deterioro étnico y cultural de nuestras poblaciones europeas aumenta cada día. El flujo migratorio es imparable por el sur (África), por el Este (Oriente Medio, Asia Central, China), y por el oeste (amerindios). Si todo sigue como hasta ahora acabarán con nosotros en unas pocas generaciones.

Salvar Europa, la tierra del origen, la tierra sagrada de los pueblos blancos: éste es el cometido de las poblaciones blancas repartidas por el mundo. Que Europa, nuestra tierra sagrada, permanezca étnica y culturalmente incontaminada, pura. Ésta es nuestra cruzada.

ws-31Dec1939

En cualquier lugar del planeta que no sea Europa (incluida Rusia), somos extranjeros. Personalmente no acabo de comprender el nacionalismo blanco fuera de Europa (las Américas, Australia, Nueva Zelanda). Hemos privado de sus tierras y de sus culturas a numerosos pueblos. ¿Por qué lo que deseamos para nosotros no lo deseamos también para los demás?

Hace mucho tiempo que se desató el mal: la codicia de bienes y territorios ajenos, junto con la indiferencia por lo más sagrado: la raza, el nexo con los antepasados, la cultura ancestral, el territorio ancestral—lo más sagrado propio, y lo más sagrado extranjero. El mundo apesta de impurezas étnicas, lingüísticas, culturales… Hay pocos rincones puros o no contaminados, o lo que es lo mismo, genuinos, verdaderos. Hemos destrozado el árbol de los pueblos y culturas del mundo, que es también el árbol de la vida. Hemos atentado contra lo más sagrado.

Las conversiones de los pueblos a credos universalistas o internacionalistas, religiosos o políticos, que alcanza hasta nuestros días, han tenido su parte en esta destrucción. Pueblos alejados de sus orígenes étnicos y culturales; masas desarraigadas, apátridas… La adopción de ideologías transétnicas y transculturales—de origen extranjero; de origen, en la mayoría de los casos, judío (salvo los universalismos hinduista y budista)—han terminado sembrando la indiferencia hacia los diversos legados étnicos y lingüístico-culturales de los pueblos: las ancestrales señas de identidad.

Los imperios multiétnicos y multiculturales del pasado (Egipto, el periodo sumerio-acadio, Asiria, Babilonia, India, Persia, Grecia, Roma) trajeron al mundo estas ideologías universales que no tenía otra función que unir de modo nuevo a aquellas poblaciones heterogéneas, de tan diversos orígenes.

La necesidad actual de unificar ideológicamente al planeta repite la vieja cuestión. La corriente demo-liberal del momento otorga un credo transnacional, transétnico y transcultural en un medio étnica y culturalmente heterogéneo donde las viejas tradiciones y los nexos ancestrales han, prácticamente, desaparecido. Es una competición, una concurrencia entre los universalismos religiosos y políticos. Las diversas poblaciones se convierten en presa de estos. Pululan los misioneros políticos y religiosos difundiendo credos universales, musulmanes, cristianos, hinduistas, budistas, demócratas, comunistas… en poblaciones que ya han perdido el rastro de sus orígenes, en poblaciones ya desarraigadas; esto es, previamente cristianizadas, islamizadas, democratizadas.

Dicho sea de paso: también los judíos están afectados por este cáncer cultural propio de los imperios multiculturales que ellos mismos tanto han contribuido a difundir; los credos transétnicos, transculturales, transconfesionales. Su gente no ha permanecido inmune.

En este caos que vivimos, en esta mezcla indeseable, en esta impureza, en esta monstruosidad, en esta fealdad los pueblos no tenemos otra salida que aferrarnos a nuestra sangre y a nuestra memoria; a nuestras identidades étnicas y lingüístico-culturales. La vuelta, el giro, el retorno a casa, a lo propio. El nacionalismo étnico es la salida para todos y cada uno de los pueblos del planeta.

El nacionalismo étnico europeo no puede ser sino el nacional socialismo arya, el germano. Esto es lo que debemos recuperar. Contra todo obstáculo. Ahora lo que se requiere es un nacionalismo arya a escala europea—siguiendo el modelo germano ya llevado a la práctica.

Ojala tuviéramos más difusión. Es una gran revolución arya lo que necesitamos, aquí, en Europa Aryana, en la tierra de origen de los pueblos aryas.

* * *

Llevo algún tiempo leyendo literatura puramente nazi desde los años veinte hasta el 45: hasta la creación de los Werewolf (Naumann); hasta el obituario de Hitler. He encontrado mucho material en—:

http://www.calvin.edu/academic/cas/gpa/

—página que recomiendo a todos (nosotros). Son sumamente interesantes los textos que van desde los primeros años veinte hasta el 33, que alcanzan el poder. Son los años de lucha. Hay que leerlos en sus propios textos, en sus propias circunstancias; en su propio contexto adverso. Cuantos obstáculos, cuantos impedimentos y cuanta voluntad; cuanta entereza, cuanta paciencia, cuanta resistencia, cuanta lucha, cuanta nobleza… Son un modelo para los actuales. Apenas si podemos añadir nada.

También tenemos el sexenio del 33 al 39, ya en el ejercicio del poder—antes de la guerra—, y el que transcurre desde el 39 al 45—los años de guerra. Son tres fases en su historia y en su cultura. Un ascenso, un clímax, y un descenso, una caída. En cada período se produce una “cultura” (escritura, literatura, arte, posters y demás); una retórica podríamos decir, acorde con el tiempo, con el momento.

Hay mucho que aprender ahí. Mucho. Las problemáticas son muy parecidas a las actuales. A la población judía (hoy muy camuflada en Europa, aunque no menos operativa que entonces) hay que añadir las poblaciones asiáticas y africanas (la mayoría musulmanas); las amerindias, las chinas… Podemos decir incluso que los momentos actuales son muchísimo más graves que los que ellos vivieron. Más acuciantes. Menos esperanzadores. Y no nos olvidemos que nosotros tenemos detrás los juicios de Núremberg y la represiva normativa anti-nazi que desde entonces padecemos (en los media, en las calles, en los juzgados).

Es el nazismo puro y crudo el que tiene que renacer. Nada de neonazis o de nacionalistas blancos o similares. El nazismo, sin más. El nacionalismo arya excluyente, nada de internacionalista o universalista. Nada de extranjeros en nuestros gobiernos, en nuestra economía, en nuestra prensa, en nuestra cultura, en nuestras tierras. ¡Fuera estos aliens de esta tierra sagrada nuestra! Simplemente.

Actualmente estamos de nuevo en la fase de ascensión (también el partido estuvo un tiempo prohibido, e incluso a Hitler se le prohibió hablar públicamente). Ahora la literatura ha de ser proselitista, de propaganda. Tenemos que convencer a nuestros semejantes de la terrible situación étnica, cultural y territorial en la que nos encontramos. Y mostrarles la salida. El nacionalismo arya es la solución, la salida. Nuestra única salida.


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Léase el artículo completo: aquí.

Published in: on septiembre 9, 2014 at 1:21 pm  Dejar un comentario  
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Sobre el mestizaje

Ayer leí estos magníficos y verdaderamente explicativos pasajes de Mi Lucha de Hitler en una entrada de Visión Blanca, “¿Qué Opinaba Hitler acerca de otras razas?”:

Mein-Kampf_lgTodo cruzamiento de dos seres cualitativamente desiguales, da un producto de término medio entre el valor cualitativo de los padres; es decir, que la cría estará en nivel superior con respecto a aquel elemento de los padres que racialmente es inferior, pero no será de igual valor cualitativo que el elemento racialmente superior de ellos…

Si, por una parte, la Naturaleza desea poco la asociación individual de los más débiles con los más fuertes, menos todavía la fusión de una raza superior con una inferior. Eso se traduciría en un golpe casi mortal dirigido contra todo su trabajo ulterior de perfeccionamiento, ejecutado tal vez a través de centenas de milenios…

También la historia humana ofrece innumerables ejemplos de este orden, ya que demuestra con asombrosa claridad que toda mezcla de sangre aria con la de pueblos inferiores tuvo por resultado la ruina de la raza de cultura superior. La América del Norte, cuya población se compone en su mayor parte de elementos germanos, que se mezclaron sólo en mínima escala con los pueblos de color, racialmente inferiores, representa un mundo étnico y una civilización diferente de lo que son los pueblos—de la América Central y la del Sur, países en los cuales los emigrantes, principalmente de origen latino, se mezclaron en gran escala con los elementos aborígenes. Este solo ejemplo permite claramente darse cuenta del efecto producido por la mezcla de razas. El elemento germano de la América del Norte, que racialmente conservó su pureza, se ha convertido en el señor del continente americano y mantendrá esa posición mientras no caiga en la ignominia de mezclar su sangre.

En pocas palabras, el resultado del cruzamiento de razas es, por tanto, siempre el siguiente: a) Rebajamiento del nivel de la raza más fuerte…

Todo cuanto hoy admiramos en el mundo—ciencia y arte, técnica e inventos… es casi exclusivamente obra de la creación del ario. Fue el ario quien abasteció el formidable material de construcción y los proyectos para todo progreso humano. Se puede denominar una raza así depositaria, mas nunca, sin embargo, creadora de cultura.

Casi siempre el proceso de su evolución presenta el siguiente cuadro: grupos arios, por lo general en proporción numérica verdaderamente pequeña, dominan pueblos extranjeros y gracias a las especiales condiciones de vida del nuevo ambiente geográfico (fertilidad, clima, etcétera), así como también favorecidos por el gran número de elementos auxiliares de raza inferior disponibles para el trabajo, desarrollan la capacidad intelectual y organizadora latente en ellos. En pocos milenios y hasta en siglos logran crear civilizaciones que llevan primordialmente el sello característico de sus inspiradores y que están adaptadas a las ya mencionadas condiciones del suelo y de la vida de los autóctonos sometidos. A la postre, empero, los conquistadores pecan contra el principio de la conservación de la pureza de su sangre que habían respetado en un comienzo. Empiezan a mezclarse con los autóctonos y cierran con ello el capítulo de su propia existencia.

Las civilizaciones fundadas casi siempre son fijadas por el suelo, el clima y por los hombres vencidos, siendo este ultimo factor casi el más decisivo. El dicho: “El negro que ha hecho su tarea, se puede retirar”, posee desgraciadamente una profunda
significación…

En el momento en que los propios vencidos comenzaron a elevarse desde el punto de vista cultural, aproximándose también a los conquistadores, mediante el idioma, se derrumbó la vigorosa barrera entre el señor y el siervo. El ario sacrificó la pureza de sangre, perdiendo así el lugar en el Paraíso que él mismo había preparado. Sucumbió con la mezcla racial; perdió paulatinamente su capacidad creadora, hasta que comenzó a parecerse más a los indígenas sometidos que a sus antepasados, y eso no sólo intelectual sino también físicamente. Pudo disfrutar todavía de los bienes ya existentes de la civilización, pero luego sobrevino la paralización del progreso y el hombre se olvidó de su origen. Es de este modo como contemplamos la ruina de las civilizaciones y reinos, que ceden el lugar a otras formaciones.

La mezcla de sangre y, por consiguiente, la decadencia racial son las únicas causas de la desaparición de viejas culturas: pues los pueblos no mueren como consecuencia de guerras perdidas, sino debido a la anulación de aquella fuerza de resistencia que sólo es propia de la sangre incontaminada. Todo lo que en el mundo no es buena raza, es cizaña…

Published in: on enero 21, 2014 at 1:07 pm  Dejar un comentario  

Carta de Manu

manu


Querido Chechar:

He estado leyendo los artículos relacionados con el aniversario de Hitler que se han estado publicando en CC [Counter-Currents Publishing] y en otros sitios, y me han hecho pensar acerca de mi actitud crítica (abierta) con respecto a él. Me gusta el artículo de Johnson (“The Burden…”) en CC (es del 2011).

En este tiempo de derrota, en este interregno (como tú dices en algún lugar), en esta noche que padecemos, no es prudente, ni sabio, desde nuestras filas, lanzar la más mínima crítica sobre el período nazi (no podemos pasarle armas al enemigo). Por lo demás, es el único hecho de relevancia de nuestros pueblos en los últimos miles de años, me atrevería a decir.

Ciertamente este aniversario, los artículos, pero también tus palabras, me han hecho repensar todo este período. En este período el pueblo arya aparece identificado y reconocido por primera vez en la historia de los pueblos. Por primera vez nuestros pueblos adquieren conciencia de sí, acerca de su origen y de su naturaleza. Desde el surgimiento de nuestro pueblo (aquel núcleo primitivo), hace seis o siete mil años, no se había producido un evento semejante. Fue una aurora, una nueva aurora. Fueron momentos sublimes.

Este “nacimiento” tiene que ver con el surgimiento de los estudios indoeuropeos, y los estudios sobre evolución y genética de la época. Se difundieron conocimientos nuevos acerca de nuestro ser biocultural; acerca de nuestra raza, y de nuestras lenguas y culturas. Fue un reconocimiento. Fue como mirarnos por primera vez en un espejo. Estábamos allí, en aquellos textos: en los himnos del Rig Veda, en la Ilíada, en la Eneida, en los Eddas, en el Mabinogion… Éramos nosotros, nuestra sangre, nuestro genio, nuestra raza, la que había generado aquellos textos, aquellas culturas, aquellos mundos.

La swastica, nuestro estandarte, no sólo se alzó contra el liberalismo y el comunismo… Apenas empezamos a comprender hoy la grandeza y el alcance de su misión—y de nuestra misión. Para situarnos podemos hacer nuestras estas certeras palabras de Saint-Loup (es el primer aforismo de Quotations):

[Hitler était] l’homme qui avait jeté au monde ce prodigieux défi : attaquer en même  temps le capitalisme anglo-saxon, le bolchevisme rouge, le racisme juif, la franc-maçonnerie internationale, l’Eglise catholique, le paupérisme et les iniquités sociales, le traité de Versailles, le colonialisme, la pagaille française et la Home Fleet.

Y la lista no está completa.

No fue sólo Hitler, fue Alemania entera; el completo pueblo alemán. Fue una “empresa” colectiva.

Nace armada, como Atenea, la comunidad alemana, la primera comunidad arya en despertar, o en renacer, y lo hace para combatir contra aquellos que han procurado su mal; contra todo un entorno cultural contrario, adverso, que niega su ser. Espiritualmente alienada tiene que luchar contra el engaño judeo-mesiánico, contra el “milenio cristiano”. Y no fue el único engendro judío con el que tuvo que enfrentarse esta recién nacida nación arya, también el comunismo medraba entre la población haciendo estragos, y otros. La hidra judía se había multiplicado, se había ramificado; tenía demasiados rostros, demasiadas cabezas.

No parece que hayamos tenido sino un solo enemigo a lo largo de la historia, los pueblos semitas y sus discursos (judíos, judeo-mesiánicos, y musulmanes). Nos dominan espiritualmente. Es múltiple la alienación que padecemos a manos de semitas o de ideologías semitas (religiosas, políticas, económicas; antropológicas, sociológicas, psicológicas…).

Nuestro enemigo nos posee de una u otra forma. La espantosa hidra judía. Tifón. El mal, nuestro mal.

¿Fue un despertar, o un nacimiento prematuro? Demasiado joven esta comunidad para enfrentarse a este monstruo milenario. Como un joven héroe ha fracasado en su primer intento por derrotarlo. Demasiado vieja y astuta esa monstruosidad. Se zampó al muchacho, y a la joven comunidad arya, en unos pocos años.

Fue el primer intento, nada más; el primer combate verdadero. Hasta entonces habíamos estado padeciendo sus imposiciones y estrategias sin advertir siguiera que estábamos siendo atacados. Llevaban  miles de años privándonos de nuestras cosas, negándonos nuestro ser ancestral, vituperando a nuestros antepasados, mancillando nuestros lugares sagrados; dividiéndonos, enfrentándonos –sembrando la discordia entre nosotros. Hay que advertir el dualismo (maniqueísmo) judeo-mesiánico en su libro sagrado (AT y NT), pero también en el marxismo, o en el psicoanálisis. La diseminación de estas ideologías forma parte de su estrategia de dominio.

Somos un  pueblo joven, una raza joven. Nos falta experiencia. Este interregno ha de servir para fortalecernos espiritual y culturalmente.

Dices tú, en un comentario en el artículo de Johnson (The Burden…), que el “revisionismo” de Hitler y el periodo nazi es esencial. Estoy absolutamente de acuerdo, el período nazi en su conjunto (desde que nace hasta que cae vencido) hay que reivindicarlo, y hay que reivindicarlo por varias razones. Es esencial en nuestra historia, en la historia de los pueblos aryas. Se trata de nuestro nuevo nacimiento, de nuestro primer enfrentamiento con un enemigo milenario, y de nuestra primera derrota. Ni más ni menos. Este episodio tiene que tener absoluta preeminencia entre nosotros. Ha de ocupar el lugar más alto en nuestra memoria, en nuestras reflexiones, en nuestros corazones.

Hay que rescatar la memoria de ese período y elevarla a lo alto con orgullo. Debemos estar orgullosos de ese período. Fuimos derrotados, pero no vencidos. Seguimos vivos y activos. Si no vencemos a la próxima, venceremos a la siguiente. Venceremos al fin. Lo sé.

El nacimiento de nuestro pueblo se gesta en los años previos a la llegada de Hitler al poder. La conciencia arya de todo un pueblo vio entonces la luz, o recibió su “bautismo” público. Todo un pueblo se reconoció. Es 1933 el año de su nacimiento. La primera comunidad arya que se reconoce como tal. Su derrota se produce el año 1945. Estamos, pues, en el 80 aniversario de su nacimiento; del nacimiento de la primera nación arya, de la nación arya misma.

Ese período es un hito sin igual en nuestra corta historia. La primera aparición de nuestro pueblo en la historia. Ahora somos un pueblo –la nación arya.

Hitler simboliza nuestro primer período, nuestra primera batalla, y nuestra primera derrota. Su lucha era nuestra lucha. Su derrota, fue nuestra derrota. Pero no ha  acabado con nosotros esta derrota sufrida en nuestro primer enfrentamiento abierto contra el mal; contra nuestro mal. Fuimos derrotados, si, ¿y qué? Era enorme aquello contra lo que se luchaba. Demasiados tentáculos la hidra. No pudo ser. La próxima vez conseguiremos vencerla, o la siguiente. La guerra tan sólo ha comenzado.

Estos aniversarios de Hitler y del nacimiento de nuestro pueblo han sido también para mí como un pequeño renacimiento. Digamos que veo más luz, que veo más claro. Presiento, barrunto la próxima batalla (que habrá próxima batalla). Y esta vez tendremos un espacio desde donde avanzar, un baluarte, un punto de apoyo (la propia nación arya). Reconquistaremos a nuestros pueblos. Tenemos muchos y muy buenos guerreros espirituales, y bien armados de conocimiento y de verdad. Al final, venceremos.

Éste es mi espíritu ahora. Ya somos un pueblo.

Chechar, siento que te debía esta carta (y a todos aquellos a quienes he contrariado con mis acerbas palabras acerca de Hitler y el período nazi).

Saludos,

Manu

Published in: on abril 26, 2013 at 11:17 am  Comments (1)  

Cordial discusión

“Chechar” investigando las “Caras de Bélmez” en Andalucía en 1992.

Concluyó que el caso era un fraude.



Estos días el hallazgo de verdaderas gemas en el blog de Manu Rodríguez me ha llevado a traducir algunos de sus ensayos para mi blog en inglés y, con su permiso, estaré dispuesto a seguir traduciendo muchos otros. Sin embargo, debo decir que no estamos de acuerdo en todo. En su entrada “De mi correspondencia” el enero pasado, Manu escribió:

No me gusta el pan-germanismo de algunos autores. Demasiado provinciano, diría yo. En el periodo nazi, y pre-nazi, este pangermanismo les llevó a menospreciar al resto de los pueblos indoeuropeos. Hay que pensar en términos raciales blancos, simplemente, y en todos nuestros pueblos y tradiciones.

De lo poco que he leído de Hitler veo que, tomando en cuenta lo que realmente salió de sus labios (véase el libro Hitler’s Table Talks), el canciller no despreciaba a otros pueblos europeos. Admiraba enormemente a Italia por su arquitectura, por ejemplo. Y quedó pasmado cuando, después de conquistar Francia, visitó sus museos.

Hitler, y los suyos, son una grave obstáculo y un oprobio para la causa arya. No era el Führer adecuado; no era el que se esperaba –el que se espera. Su pangermanismo no pasaba de ser un micro-nacionalismo a nivel indoeuropeo (eurasiático); un provincianismo decimonónico.

Hay que tomar en cuenta que Hitler simplemente no podía pensar en términos de lo que, a mediados de los años noventa del siglo XX, en Estados Unidos se comenzó a denominar “nacionalismo blanco”. Por supuesto que un político de principios de siglo no podía sino pensar en términos nacionales, especialmente después de lo sucedido en la Primera Guerra Mundial.

Es notorio el menosprecio (que denota ignorancia) en que tenía a los eslavos, cuando, siguiendo su idea (racial) al respecto, esto es, adoptando su medida, podía encontrar más aryas puros en Bielorrusia, Ucrania o Rusia que en la misma Alemania.

Yo creo que la animadversión contra Hitler se debe a la propaganda aliada después de la guerra, la cual nos persigue hasta la fecha. Te lo voy a poner de esta manera:

Si fuera posible, festejaría que los anglosajones, especialmente los americanos, fueran militarmente conquistados por un pueblo europeo debido precisamente a que han sido la fuerza más destructora para la raza blanca en el mundo moderno. (Ve por ejemplo las entradas en mi blog en inglés bajo el rubro “Who is the real foe?” que aparecen enlazadas debajo de la imagen de Lady Godiva.)

En 1942 la mayor fuerza antiblanca era la Unión Soviética, la cual había asesinado por hambre a seis o siete millones de ucranianos, en gran parte por haberles hecho el feo a los judíos en tiempos zaristas. Pues bien: ¿Qué de malo puede tener invadir a la nación que le había dado, por mencionar otros genocidios antiblancos, al judío Yagoda tal poder genocida de matar a otro tanto de millones caucásicos?

Si tienes a un asesino en serie de blancos de tamaña magnitud en la esquina de tu casa ¿qué tiene de malo invadirlo? En otras palabras, el problema de los alemanes fue militar, no moral. Debieron esperarse a tener la bomba atómica.

Como dije, actualmente quienes merecen una invasión son los gringos, quienes empoderaron a los judas como no lo había hecho ninguna nación blanca en toda la historia, probablemente ni siquiera la Rusia de Stalin. ¿Significa esto que desprecie a los anglosajones como raza?

Por supuesto que no. Significa más bien que desprecio una forma específica de cultura calvinista que ocasionó tanto la guerra de secesión decimonónica como el desenlace fatal de las guerras mundiales: una cultura casi del todo judaizada que nos está matando.

Es de notar también su despreciable círculo, afín al esoterismo más burdo, más plebeyo. Ciertamente, había mucha ignorancia y subcultura alrededor de Hitler y su ‘movimiento’; sus fuentes míticas o legendarias, por ejemplo, son espurias, inauténticas, impuras (son híbridos, mezclas, monstruosidades…).

El mismo Hitler decía que no se le puede exigir al político lo que se le exige al académico o al docto. Al político hay que medirlo en contraste a los otros políticos de la época, y Hitler admiraba enormemente la ley migratoria americana de 1924 porque impedía invasiones de color en nuestras tierras. Ese es el parámetro que nos importa. Si hubiera ganado la guerra, ni Europa ni Norteamérica estarían tan inundados de “raza”, como decía uno de mis tíos.

Hitler fue derrotado, ciertamente, pero también fracasó, y llevó a su pueblo a la derrota.

En realidad, lo que sucedió cuando nuestros padres eran niños fue el mayor crimen de la historia occidental. No exagero. Sugiero que leas los extractos que saqué de un reciente libro de Tomás Goodrich. Ese libro, Hellstorm, completamente cambió la noción que tenía de los sucesos.

Lo lamento por el pueblo alemán, aunque no es el único que ha pagado las consecuencias de su derrota. Ha perjudicado bastante a nuestra causa. Llevará años recuperar el prestigio moral ante nuestros hermanos.

Fueron los malditos aliados los responsables, no los alemanes.

Me atrevería a decir que no fue un buen líder, que no fue el Führer adecuado. Insisto, fue su propio pueblo el que, en primer lugar, pagó las consecuencias de sus errores (tácticos, militares), y de su ‘hybris’, como decían los griegos, de su soberbia y de su arrogancia. Un griego diría que Zeus le enloqueció y le condujo a su propia ruina. Alemania está moralmente postrada y humillada desde entonces.

Si leíste el Archipiélago de Solyenitsin verás que en un pasaje el gran escritor ruso, encerrado como estaba, casi deseaba una victoria alemana a fin de que pudiera salir de sus mazmorras y ver liberado a su pueblo.

Yo diría que la hybris fue la anglosajona, como dice Tom Sunic, aunque es obvio que Hitler cometió un error garrafal al invadir a la Unión Soviética.

Hitler. Un falso Führer que atentaba contra la verdad con sus torpes mistificaciones. Un militar frustrado e incompetente que llevó a su pueblo a la derrota y al deshonor (con sus locuras avergonzó y humilló a su propio pueblo). Un ignorante que iba contra su misma sangre –contra pueblos hermanos. Un falso héroe, un impostor. Así lo veo yo.

Yo creo que toda esa crítica debe dirigirse a los anglosajones, no a Hitler. Él quiso conquistar la Unión Soviética porque muchos judíos habían conquistado el poder allí, como MacDonald demostró en sus escritos, así como en la traducción en su blog del último libro de Solyenitsin (Doscientos años juntos, libro que ningún editor americano se atrevió a publicar).

Me encantaría que leyeras mis extractos de Tomás Goodrich, enlazados arriba, antes de continuar esta cordial discusión.

Un saludo,

César

Para aquellos…

que masquen el inglés, he aquí mis artículos escogidos en The West’s Darkest Hour como los más representativos para entender al nacionalismo blanco:

Básico:

The History of the Rise and Fall of the White Race

Sobre los culpables de la hora más oscura de occidente:

Liberals—about to be mugged by reality

The Jewish Problem

The Christian problem encompasses the Jewish problem

Sobre las difamaciones usadas contra Alemania:

Greg Johnson’s “Dealing with the Holocaust”

Irmin Vinson’s must-read articles about the Holocaust

Best essays on Hitler

Published in: on julio 20, 2012 at 7:46 pm  Dejar un comentario  

Hitler

Hoy es el cumpleaños del Führer. Él fue el defensor más destacado de Occidente desde los tiempos de Carlomagno. Pero la inimaginablemente maligna traición de nuestros tiempos ha levantado una cortina de humo tan densa en torno a su figura que nadie, excepto los blogueros del movimiento nacionalista blanco cuyos pensamientos traduzco abajo, están empezando a rasgar:

Hitler fue un visionario y un hombre de Estado, pero no un buen general. El poder judío se basa en la calumnia y en la inversión de la historia real sobre los acontecimientos del siglo XX. Hitler y los nazis han sido el Caballo de Troya utilizado para colonizar las mentes de los blancos occidentales.

Hitler y los nazis no eran el mal. Eso culpa a la víctima. ¿Cómo se atreven a decir eso? Cierto: cometieron un montón de errores, pero Hitler fue el último hombre blanco que intentó defender a su pueblo.

Cada vez que alguno de ustedes se permite creer la mentira se pone de parte de los verdaderos asesinos. Pueden querer deshacerse de Hitler y otros, pero permitir que la calumnia quede en pie es simplemente pereza y cobardía intelectual. ¿Cómo se atreven?

Decir la verdad acerca de los acontecimientos reales del siglo XX no “mantiene al nacionalismo blanco en un ghetto”. Es la pereza, la timidez y la cobardía lo que lo hace.

La Peor Generación de norteamericanos luchó contra gente que ningún mal les había hecho al otro lado del Atlántico. Esa generación participó activamente en los Derechos Civiles que desmantelaron la Constitución, y no hizo nada para resistir la Ley de Inmigración de 1965 que permitió la entrada de millones de no blancos a los EE.UU. Ni hizo nada para detener la llamada “Liberación de la Mujer” y la absoluta degradación cultural resultante. La Peor Generación cómodamente fue con la corriente, mientras se revuelcan en lo que está resultando ser una riqueza a corto plazo (tomando en cuenta el crash del dólar que se avecina).

La Peor Generación jugó un papel inmensamente destructor para nuestra civilización. Prepararon el escenario para nuestro genocidio, en tanto que los blancos pasamos del 30 por ciento de la población mundial al 15 por ciento y apuntamos al 5 por ciento en el futuro próximo. El mal que estos americanos hicieron lo hicieron por una serie de razones, y un mal permitió el siguiente.

Me gustaría hacer caso omiso de Hitler pero no se me permite. Los medios de comunicación a manos de judíos en EE.UU. diabolizan su cadáver los siete días de la semana, veinticuatro horas al día. Reto a cualquiera a encender el radio, el televisor, abrir una revista o página web, y no ver al pobre Adolf lanzado sobre su cara. Su nombre es invocado incluso en los más extraños temas que uno pueda imaginar. Nunca vamos a estar libre de Hitler hasta que abandonemos esa monstruosa, y falaz, diabolización de su persona.

Esta generación será juzgada por lo que han hecho. Deberían estar avergonzados de sí mismos. Su ignominia será contraejemplo de generaciones futuras.

La Generación de Fundadores del nuevo país que surgirá en Norteamérica después de una sangrienta guerra de sesesión, sentirá absoluta repulsión por la Peor Generación.

Published in: on abril 20, 2012 at 12:15 am  Comments (5)  
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